Noah Schnapp soñó con su yo del pasado. El pequeño Will Byers, perdido en el Upside Down, con la mirada temerosa, la voz quebrada y ese corte de pelo a tazón que se volvió meme mundial. “Le dije: ‘Eres tan mono y tan pequeño’”, cuenta riendo. Luego, su tono se suaviza. “Han cambiado muchas cosas, pero al mismo tiempo no ha cambiado nada”.
Esa frase encierra el corazón de Stranger Things. Porque más allá de los monstruos, los portales y la nostalgia ochentera, esta ha sido siempre una historia sobre el paso del tiempo, sobre crecer, perder la inocencia y seguir adelante.
Desde su estreno en 2016, la serie de Netflix marcó un antes y un después en la televisión moderna. Noah Schnapp, Finn Wolfhard, Gaten Matarazzo y Caleb McLaughlin pasaron de ser niños desconocidos a íconos globales. Y ahora, casi diez años después, se preparan para despedirse de los personajes que los vieron convertirse en adultos.

Nos encontramos una tarde fría de octubre en un hotel londinense. En el patio iluminado por lámparas de calor, los cuatro amigos comparten té, papas trufadas y recuerdos. Ríen, se interrumpen, se lanzan miradas cómplices. El ambiente tiene algo familiar, íntimo, como si volvieran por un instante al sótano donde todo comenzó. “Cada vez que nos juntamos, parece que volvemos a la primera temporada”, confiesa Schnapp. “Siento que vuelvo a ser un niño otra vez”, añade McLaughlin con una sonrisa nostálgica.
Pero el aire está cargado de algo más profundo: la conciencia de que el final se acerca. La quinta temporada, dividida en tres partes entre noviembre y Año Nuevo, pondrá punto final a la serie que definió una generación.
Stranger Things fue mucho más que una historia de ciencia ficción. Fue una carta de amor a los años 80, a Spielberg, a Carpenter, a las bicicletas en calles infinitas y a la sensación de descubrir el mundo por primera vez. Fue también una exploración del miedo, la pérdida y el poder de la amistad frente a lo imposible. Por eso su final no se siente como el cierre de una serie, sino como el fin de una etapa de vida.

Wolfhard lo explica con crudeza: “Es como cuando fallece un familiar, cada uno tiene su forma de abordarlo”. Matarazzo asiente, reconociendo la emoción que le cuesta expresar. “Cada vez que comparo esto con un duelo, la gente se echa las manos a la cabeza… pero es que lo es. Estamos despidiéndonos de algo que nos acompañó durante casi toda nuestra adolescencia”.
Caleb McLaughlin recuerda un momento especialmente simbólico: una noche reciente, se encontró solo en su habitación, abrazando una almohada mientras sonaba música de los 80. Miró al techo, cerró los ojos y murmuró: “Adiós, Lucas”. En ese gesto sencillo se resume una década de historia, amistad y crecimiento.
El elenco se ha preparado emocionalmente desde 2022, cuando los hermanos Duffer anunciaron que la quinta temporada sería la última. “Nunca me había sentido tan triste como ese día”, confiesa Schnapp. Wolfhard admite que estuvo “deprimido como una semana”. Matarazzo, más reflexivo, añade: “Creo que recién dentro de unos años entenderé todo lo que Stranger Things significó realmente para nosotros”.
Durante el rodaje final, Finn Wolfhard sentía una presión especial. “Quería despedirme por todo lo alto”, dice. “Sabía que era el último año que estaríamos juntos, y no quería que se me escapara sin disfrutarlo”. Matarazzo recuerda haber tomado una decisión a mitad del rodaje: dejar de preocuparse por todo lo demás y simplemente vivirlo. “Tenía que saborearlo, sentirlo de verdad. Era el cierre de una etapa que nos cambió la vida”.
La temporada final promete ser épica. Hawkins, bajo cuarentena militar, se convierte en el último campo de batalla. Vecna acecha desde las sombras. Los chicos, ya adultos, regresan al Upside Down en una lucha definitiva. “Esta vez, las cosas se ponen realmente feas”, adelanta Matarazzo. Dustin, su personaje, arrastra la pérdida de su amigo Eddie Munson, y el actor asegura que fue un desafío emocional. “Quería que se sintiera distinto, más oscuro, pero sin perder la esencia del personaje. Es el mismo chico, solo que ha sufrido una gran pérdida”.
El cierre de ciclo también se materializó de forma literal. En una de las primeras escenas de la nueva temporada, Will Byers vuelve a desaparecer… pero esta vez, el momento tiene un nuevo significado. El equipo necesitó recrear al joven Will de la primera temporada, y para ello filmaron con un niño idéntico a Schnapp, sobre quien se superpuso su rostro digitalmente. Noah incluso enseñó a su doble cómo actuar “como él a los 10 años”. “Fue raro”, admite. “Le conté mis miedos, mis tics, mis nervios. Básicamente le enseñé a interpretar a un joven Noah Schnapp interpretando a un joven Will Byers. Fue como cerrar un círculo”.
Casi diez años después de su estreno, Stranger Things se despide como llegó: con emoción, amistad y un toque de magia. Lo que comenzó como una aventura entre bicicletas, luces de Navidad y criaturas imposibles, se ha convertido en un símbolo generacional.
Y aunque el portal de Hawkins se cierre para siempre, la huella que deja en la cultura y en quienes crecieron junto a esos niños perdidos en el Upside Down será imborrable. Porque Stranger Things no solo contó una historia: nos recordó que crecer también es enfrentarse a los monstruos —reales o imaginarios— que habitan dentro de nosotros.




