El fallecimiento de Guillermo Rossini Gonzáles, uno de los humoristas más queridos del Perú, fue anunciado por su hijo Coco Rossini a través de redes sociales. En una storie de Instagram confirmó la partida de su padre, generando una ola de mensajes de cariño y reconocimiento de seguidores, artistas y figuras del espectáculo que crecieron admirando su talento y estilo único para hacer reír.
Rossini nació en Lima el 3 de septiembre de 1932 y se convirtió con el tiempo en un referente indiscutible del humor nacional. Desde joven mostró una gran facilidad para la comedia y la imitación, características que moldearon una carrera marcada por su voz inconfundible, su carisma y su conexión con el público. Su presencia constante en radio y televisión lo transformó en parte esencial de la cultura popular peruana.

Antes de ingresar al mundo artístico, Rossini tenía una vida distinta. En 1959 trabajaba como visitador médico, una profesión estable pero alejada de la comedia. Sin embargo, impulsado por un amigo, decidió participar en un concurso de imitaciones organizado por Augusto Ferrando. Aquella participación cambió su vida para siempre. Entre más de cien postulantes, Rossini destacó por su habilidad para reproducir voces y gestos, capturando de inmediato la atención de Ferrando, quien lo invitó a presentarse en su peña y luego en la radio.
A partir de ese momento comenzó una carrera ascendente. En radio perfeccionó imitaciones de políticos, narradores hípicos como Juan Ramírez Lazo y Federico Roggero, además de personajes cotidianos que reflejaban con humor la realidad del país. Su crecimiento profesional lo llevó años después a convertirse en una de las piezas fundamentales del programa radial “Los Chistosos”, donde trabajó desde 1994 hasta 2021. Allí, su ingenio, voz y estilo marcaron a generaciones enteras de oyentes que encontraban en él un motivo seguro para sonreír cada tarde.

La noticia de su fallecimiento generó reacciones inmediatas entre sus colegas. Manolo Rojas, excompañero en “Los Chistosos”, lamentó en RPP la partida del humorista, destacando la cercanía que mantenían. Recordó que visitaba con frecuencia a la familia Rossini y que siempre lo llamó “mi tío” con cariño. Lo describió como un hombre cálido, generoso y capaz de contagiar alegría incluso en los días más complicados.
Hernán Vidaurre, también integrante histórico del programa, resaltó la importancia de Rossini como maestro y referente del humor peruano. Para él, Rossini no solo enseñó técnica y oficio, sino también valores humanos. Afirmó que siempre llegaba a la cabina con ideas nuevas, ocurrencias frescas y una energía que impulsaba a todo el equipo. Su partida, señaló, marca el cierre de una etapa fundamental de la comedia nacional.
La trayectoria de Guillermo Rossini fue sólida y constante, marcada por su versatilidad para imitar y crear personajes entrañables que se hicieron parte del imaginario popular. Su humor blanco, respetuoso y basado en la observación cotidiana se transformó en su sello personal. Gracias a esa coherencia artística pudo mantenerse vigente durante más de seis décadas en un medio competitivo y cambiante.

En 2021 recibió una de las distinciones más importantes de su carrera: el reconocimiento de “Personalidad Meritoria de la Cultura” otorgado por el Ministerio de Cultura. Con este galardón se destacó su extensa trayectoria y su aporte al entretenimiento nacional, considerado uno de los más trascendentes en la historia reciente del país. Para muchos fue un homenaje merecido a años de disciplina, pasión y compromiso con el arte del humor.
Tras confirmarse la noticia, su hijo Coco Rossini le dedicó un mensaje público que conmovió a miles de seguidores: “Te recordaremos con mucho amor”. Con esas palabras confirmó el fallecimiento ocurrido la noche del 22 de noviembre de 2025. Más allá del dolor, el mensaje reflejaba el orgullo por una vida dedicada a arrancar sonrisas.
La partida de Guillermo Rossini marca el fin de una era para el humor peruano, pero su legado permanece vivo. Su escuela de comedia continúa influyendo en nuevas generaciones que ven en él un modelo de humor inteligente, humano y respetuoso, capaz de acompañar, aliviar y unir. Quienes trabajaron con él coinciden en que era un profesional riguroso: llegaba puntual, preparado y siempre dispuesto a dar lo mejor.

El público también ha mostrado su afecto a través de redes sociales, recordando sus imitaciones más famosas, sus personajes y las tardes que alegró con su voz. Para muchos, Rossini fue una presencia constante en sus vidas, un compañero de camino al trabajo o un motivo de risa compartida en familia. Esa cercanía es una de las huellas más profundas que deja.
Con más de seis décadas de trayectoria, Rossini logró algo poco común: mantenerse querido, vigente y respetado hasta su último día. Hoy, mientras el país lo despide, queda la certeza de que su espíritu humorístico seguirá vivo en la memoria cultural del Perú, donde ocupará siempre un lugar privilegiado.




