Silvana Prince reconoce que el comediante no fue tan presente en la infancia de Vadhir, pero asegura que con los años ha aprendido y transformado su rol
Las recientes declaraciones sobre la paternidad de Eugenio Derbez han reabierto una conversación que, aunque conocida, pocas veces se había abordado con tanta franqueza. Tras las palabras de Victoria Ruffo —quien habló abiertamente sobre la ausencia del actor durante los primeros años de vida de su hijo José Eduardo—, una voz del pasado volvió a cobrar fuerza: la de Silvana Prince, madre de Vadhir Derbez, quien confirmó que su experiencia fue similar y que el proceso de Eugenio como padre ha sido, más que lineal, profundamente evolutivo.
Lejos del escándalo y sin ánimo de confrontación, Silvana fue directa cuando se le preguntó si Eugenio había sido un buen papá. Su respuesta, breve pero contundente, resumió una historia compleja: “Está mejorando”. Con esa frase, reconoció tanto las ausencias del pasado como los esfuerzos del presente. Y añadió sin rodeos: “En su momento no lo fue y eso se sabe”.

Una paternidad marcada por el tiempo
Según Silvana Prince, durante la infancia de Vadhir, Eugenio Derbez no fue una figura constante. Una realidad que, con el paso de los años, se ha ido resignificando. Hoy, el comediante es quien promueve la unión familiar, convive activamente con sus hijos y muestra públicamente una cercanía que antes no existía.
“Ha cambiado”, aseguró Silvana. “Los años no pasan en vano”. Para ella, el crecimiento personal de Eugenio es evidente y se refleja en la relación que ahora mantiene con sus hijos mayores, quienes hablan bien de él y han encontrado una dinámica distinta, más cercana y madura.
Esta transformación quedó plasmada en proyectos familiares donde se muestra una convivencia más sólida, dejando ver que, aunque el pasado no se puede borrar, sí se puede reconstruir el presente.
Vadhir, el arte y la herencia emocional
Durante aquella conversación con la prensa —realizada en una presentación musical de Vadhir—, Silvana también abordó otro tema que suele generar debate: el talento artístico de su hijo. Contrario a lo que muchos creen, aseguró que Vadhir no heredó su vena artística de Eugenio.
“Eugenio no canta, no baila”, afirmó con naturalidad. Según ella, Vadhir tiene una fuerte carga genética de su familia materna y, de hecho, es el hijo menos parecido al comediante. Una declaración que refuerza la identidad propia del joven artista, más allá del apellido que porta.
Y hablando del apellido, Silvana reveló una razón profundamente emotiva detrás de la decisión de que su hijo llevara el nombre Derbez: no fue por Eugenio, sino por su abuela, Silvia Derbez. “Fue el consentido de su abuela”, explicó. Un gesto cargado de amor y homenaje hacia una mujer que marcó la historia del apellido y que tuvo una conexión especial con su nieto.

“Morrito”: cuando la música dice lo que el niño calló
En 2023, Vadhir Derbez convirtió su historia personal en música. En la canción Morrito, el artista plasmó cómo vivió la ausencia de su padre durante la infancia. El lanzamiento incluyó un video profundamente íntimo, donde padre e hijo conversan como nunca antes sobre su relación.
Para Eugenio, escuchar la canción fue un golpe emocional. Reconoció que la letra lo confrontó con una versión de la historia que no coincidía con la que él creía haber vivido. “Fue shockeante”, confesó. Desde su perspectiva, siempre hizo esfuerzos por estar presente, aunque no de la forma que su hijo necesitaba.
En esa charla, Eugenio aseguró que jamás fue su intención fallarle a ninguno de sus hijos y expresó la confusión y el dolor que le generó descubrir que, pese a sus intentos, Vadhir se sintió ausente de su figura paterna. Un diálogo honesto, incómodo y necesario, que resonó en miles de personas que se vieron reflejadas en esa conversación entre padre e hijo.
Dos versiones, una misma verdad
Las palabras de Silvana Prince coinciden con lo que Victoria Ruffo expresó recientemente sobre su propia experiencia con Eugenio como padre de José Eduardo. La actriz fue clara al señalar que su conflicto nunca fue personal, sino relacionado con la falta de constancia en la crianza.
“Yo nunca le hablé mal de su papá”, afirmó, dejando claro que su preocupación siempre fue la ausencia. Incluso recordó que el propio Eugenio ha reconocido que nunca quiso ser papá y que hoy, más que padre, es amigo de sus hijos, ahora que ya crecieron.
Dos mujeres, dos historias distintas, pero una conclusión similar: Eugenio Derbez no fue un padre presente en los primeros años, pero con el tiempo ha construido otra forma de vínculo. Una más cercana, más consciente, aunque tardía.
Esta historia no habla de villanos ni de héroes. Habla de errores, de aprendizajes y de relaciones que evolucionan. Porque a veces, la paternidad no se define por el inicio, sino por la capacidad de cambiar cuando aún hay tiempo.




