Rosalía y su Catholic Era: la nueva fe del pop

Rosalía ha vuelto a hacerlo. En su última entrevista con Mar Vallverdú para el pódcast Radio Noia, la artista catalana dejó entrever que está atravesando un despertar espiritual. “En las relaciones románticas”, dijo con esa calma mística que la caracteriza, “pones de repente a tu pareja en un pedestal (…) Y no, a lo mejor estamos confundiendo ese espacio. Puede que ese sea el espacio de Dios, el espacio de la divinidad (…) Igual Él es el único que lo puede llenar, y que lo llenará, si a lo mejor tú tienes la predisposición, la actitud y de alguna manera te abres a que eso pueda ocurrir”.

Sus palabras no son casuales. En otro momento de la conversación, Rosalía confesó sentirse atraída por la idea de vivir en clausura, como una monja, centrada solo en crear y en buscar la paz interior. Si a eso sumamos las imágenes de vírgenes, cruces, altares y símbolos místicos que han invadido su cuenta de Instagram desde agosto, además del anuncio de su cuarto álbum de estudio —el enigmático y aún ultrasecreto Lux—, parece que la artista ha decidido mirar hacia el cielo.
No es la primera estrella del pop que lo hace. Madonna ya lo había anticipado con su atrevida iconografía religiosa en los ochenta. Lady Gaga, Lana Del Rey, Florence Welch o incluso Sabrina Carpenter han seguido ese mismo camino, explorando la fe, la culpa y la redención como parte del imaginario pop. En ese sentido, la Catholic Era no es solo una fase estética: es un punto de inflexión. Una declaración. Una forma de convertir el arte en plegaria y el deseo en un acto de devoción.

Rosalía, sin embargo, nunca ha sido ajena a lo divino. Desde El mal querer, donde mezcló lo flamenco con el sacrificio y la pasión casi religiosa, ya había dejado claro que lo espiritual formaba parte de su universo creativo. Aquella imagen suya, envuelta en mantos rojos y miradas de éxtasis, parecía preludiar un viaje más profundo, uno que ahora encuentra su máxima expresión con Lux. Y mientras en Motomami nos habló de dualidades —la carne y el alma, la pureza y la provocación—, en su nueva etapa parece haber encontrado en la fe un espejo donde mirarse sin artificios.

Lo que resulta fascinante es cómo este renacer religioso se inscribe en una cultura que ha aprendido a convertir lo sagrado en tendencia. El fenómeno del Coquette Catholic en TikTok lo demuestra: rosarios que se usan como accesorios de moda, faldas de colegio que esconden cigarrillos y pastillas, crucifijos que se lucen con la misma actitud con la que antes se llevaba un collar de perlas. Detrás de todo eso hay una generación que busca sentido en medio del ruido digital, que juega con la iconografía católica no para burlarse, sino para reconectarse —aunque sea irónicamente— con algo que trasciende.

Rosalía podría ser la santa patrona de ese movimiento. Una figura que mezcla el sacrificio y la sensualidad, la pureza y el deseo, el rezo y el beat. En su universo, lo místico se vuelve materia prima de lo pop. No se trata de una simple estética: es una teología de la imagen. Un modo de reencantar el mundo desde el arte, con la misma intensidad con la que Santa Teresa de Jesús describía el éxtasis divino, tan parecido al placer.

La artista parece comprender que, en la era de las redes, la espiritualidad no se practica solo en los templos, sino también frente a la cámara. La Generación Z, perdida entre pantallas, busca iluminación a través del algoritmo, transformando cada gesto en un acto de fe contemporánea. De ahí que una Rosalía vestida de novicia haya aparecido proyectada sobre Times Square y la Plaza de Callao, como si la popstar se hubiera convertido en una virgen global, mitad ícono religioso, mitad deidad digital.

Se rumorea que algunas canciones del disco llevarán títulos como Mio Cristo, Dios es un stalker o Divinize. Son nombres que provocan y seducen a partes iguales, como si la cantante quisiera recordar que el amor, en cualquiera de sus formas, siempre es una forma de adoración.

Puede que Lux no sea una ruptura, sino un destino. El punto culminante de una búsqueda que comenzó hace años, cuando Rosalía decidió convertir el dolor en arte y la vulnerabilidad en poder. Tal vez esta nueva era no pretenda escandalizar, sino iluminar. No busca quemar los templos, sino reescribir sus himnos con una voz femenina y contemporánea.
Y aunque algunos puedan verla como una jugada previsible, lo cierto es que pocas artistas han logrado convertir su evolución en un espejo del espíritu de su tiempo. Rosalía no sigue las tendencias: las transforma en fe. Y si algo nos enseña su Catholic Era, es que incluso en el pop más efervescente hay espacio para la oración, la contradicción y el misterio.

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Dua Lipa y Callum Turner oficializaron su amor el pasado 31 de mayo en una ceremonia civil en Londres, pero los festejos apenas estaban comenzando. Días después, la pareja fue fotografiada en Palermo, Sicilia, donde todo apunta a que se prepara una celebración más grande y especial, rodeada de familiares, amigos cercanos y algunos nombres importantes del mundo del entretenimiento. La expectativa no ha tardado en crecer, y los medios de todo el mundo tienen los ojos puestos en la isla.

La relación entre la cantante británico-albanesa y el actor se hizo pública en 2024 y, desde entonces, ambos han sabido mantener su vida personal lejos de los reflectores. Perfil bajo, pocas declaraciones y mucha discreción: esa ha sido su fórmula. Pero una boda de esta magnitud es difícil de pasar por alto. Según reportes internacionales, la pareja habría elegido algunos de los espacios históricos más icónicos de Sicilia para recibir a sus invitados, aunque los detalles oficiales siguen siendo escasos, tal como a ellos parece gustarles.

Una ciudad dividida

La llegada de Dua Lipa y Callum Turner a Palermo no ha dejado indiferente a nadie. Quienes trabajan en el turismo y el comercio local ven en el evento una gran oportunidad: cobertura mediática, visibilidad y el movimiento económico que genera una celebración de este nivel. Sin embargo, no todos comparten el entusiasmo. Otros residentes han expresado su incomodidad ante las restricciones temporales que inevitablemente acompañan a este tipo de eventos de alto perfil.

El debate no es nuevo ni exclusivo de Palermo. Cada vez más destinos turísticos europeos se enfrentan a la misma pregunta: ¿cómo encontrar el equilibrio entre los beneficios económicos que traen los grandes eventos y el impacto real que tienen en la vida cotidiana de quienes viven ahí? Es una conversación que, por ahora, no tiene una respuesta sencilla.

Palermo, un destino cada vez más atractivo para las celebridades

La elección de Palermo también habla del momento que vive la región. En los últimos años, Sicilia se ha posicionado como uno de los escenarios preferidos para bodas exclusivas, producciones audiovisuales y encuentros privados entre figuras internacionales. No es casualidad: uno de los espacios elegidos para los festejos es la Villa Valguarnera, en Bagheria, una mansión barroca del siglo XVIII que Condé Nast Traveler describe como «el escondite más romántico de Sicilia» y que se usó com locación para la miniserie de Netflix basada en El Gatopardo.

Los festejos continúan y Dua Lipa, que ya ha demostrado tener muy buen ojo para la estética en todo lo que hace, parece haber encontrado en Sicilia el escenario perfecto para uno de los momentos más importantes de su vida

Carolina Ramírez compartió con sus seguidores una de las noticias más importantes de su vida personal: el nacimiento de su primer hijo. La actriz colombiana, reconocida por producciones como La reina del flow, confirmó la llegada del bebé a través de sus redes sociales con un mensaje breve que rápidamente generó miles de reacciones.

“Soy mamá de SUR”, escribió la intérprete para anunciar el nacimiento del niño, ocurrido el 2 de junio. Con esa publicación también reveló el nombre elegido junto a su pareja, el productor argentino Martín Cornide. 

Una maternidad esperada a su propio ritmo

La noticia marca un momento especial para Ramírez, quien se convirtió en madre a los 42 años después de haber mantenido gran parte del embarazo lejos de la exposición pública. Aunque confirmó la gestación a comienzos de este año, la actriz optó por vivir el proceso con discreción y compartir los detalles únicamente cuando lo consideró oportuno.

Durante los últimos meses, la artista había mostrado algunos momentos de esta etapa, incluida su aparición en los Premios Platino, donde asistió con más de ocho meses de embarazo. Aquella imagen se convirtió en una de las últimas postales públicas antes del nacimiento de su hijo.

El significado detrás de Sur

El nombre del recién nacido despertó la curiosidad de sus seguidores desde el primer momento. Aunque la pareja no ha ofrecido una explicación extensa, la elección parece estar alineada con la visión espiritual que ambos han compartido en distintas ocasiones.

Cornide acompañó el anuncio con un mensaje en el que detalló algunos datos del nacimiento, entre ellos el peso y la estatura del bebé. También utilizó un lenguaje simbólico para describir la llegada de Sur, reflejando una perspectiva que ha estado presente en diferentes momentos de la relación.

Las primeras fotografías difundidas muestran a la actriz junto al recién nacido en las horas posteriores al parto. Sin exponer completamente la imagen del bebé, la pareja decidió compartir algunos instantes íntimos de este nuevo comienzo familiar.

 

Entre el éxito profesional y la vida familiar

La llegada de Sur coincide con una etapa de gran visibilidad para Carolina Ramírez. En los últimos años, la actriz ha consolidado una carrera que la convirtió en una de las figuras más reconocidas de la televisión colombiana, especialmente por su papel de Yeimy Montoya en La reina del flow.

Ahora, mientras continúa ligada a proyectos profesionales y mantiene una sólida conexión con su audiencia, la intérprete suma un nuevo rol a su historia personal: el de madre.

La noticia fue recibida con mensajes de felicitación de seguidores, colegas y figuras del entretenimiento, quienes celebraron junto a ella el inicio de una etapa que, según había expresado anteriormente, llegaría cuando sintiera que era el momento indicado.

La modelo internacional Ming Xi y el empresario Mario Ho protagonizaron una de las bodas más exclusivas y comentadas del año. La pareja eligió el icónico Mont-Saint-Michel, en Francia, para celebrar una ceremonia que combinó historia, lujo y alta costura, convirtiéndose rápidamente en tendencia en redes sociales y medios especializados de todo el mundo.

Las imágenes compartidas por Vogue mostraron algunos de los momentos más impresionantes del evento, destacando la majestuosidad del lugar y el espectacular vestido de novia diseñado especialmente para la modelo. La celebración fue descrita por muchos como una auténtica producción cinematográfica gracias a sus paisajes únicos y a la exclusividad de cada detalle.

Un vestido que marca una nueva era para Dior

Uno de los aspectos más comentados de la boda fue el vestido de novia de Ming Xi. La modelo lució una creación de alta costura de Dior diseñada por Jonathan Anderson, quien recientemente inició una nueva etapa creativa dentro de la reconocida casa de moda francesa.

La pieza destacó por su elegante diseño minimalista, mangas largas, delicados detalles artesanales y un impresionante velo que acompañó a la novia durante toda la ceremonia. Además, se convirtió en la primera novia de Dior vestida por Anderson desde su llegada a la dirección creativa de la firma, un hecho que llamó la atención de expertos y amantes de la moda alrededor del mundo.

Una boda en un lugar donde casi no se celebran matrimonios

Más allá del vestido, el verdadero protagonista del evento fue el lugar elegido para la ceremonia.

Mont-Saint-Michel es uno de los monumentos históricos más importantes de Francia y uno de los destinos turísticos más visitados de Europa. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este impresionante islote medieval recibe millones de visitantes cada año, pero rara vez abre sus puertas para celebraciones privadas.

Por esta razón, la boda de Ming Xi y Mario Ho ha sido considerada un acontecimiento excepcional. Diversos medios internacionales señalaron que el evento representa una de las pocas ceremonias privadas autorizadas en el recinto en décadas, debido a las estrictas regulaciones que protegen el valor histórico y cultural del lugar.

La organización requirió permisos especiales, una compleja planificación logística y medidas de seguridad extraordinarias para garantizar la conservación del monumento durante toda la celebración.

Una celebración millonaria

Aunque los protagonistas no han revelado el costo oficial del evento, especialistas del sector estiman que una boda de estas características podría superar fácilmente varios millones de dólares.

Los gastos habrían incluido el uso exclusivo de espacios históricos, transporte privado para invitados internacionales, alojamiento de lujo, producción fotográfica, seguridad, decoración personalizada y el vestido de alta costura confeccionado exclusivamente para la novia.

La pareja apostó por una celebración íntima pero extremadamente sofisticada, reuniendo a familiares, amigos cercanos y destacadas figuras del mundo empresarial y de la moda.

¿Quiénes son Ming Xi y Mario Ho?

Ming Xi es una de las modelos asiáticas más reconocidas de la industria internacional. A lo largo de su carrera ha trabajado para importantes firmas de lujo y ha participado en algunas de las pasarelas más prestigiosas del mundo.

Por su parte, Mario Ho es empresario e inversionista, además de formar parte de una de las familias más influyentes de Asia. Es hijo del fallecido magnate Stanley Ho, conocido durante décadas por su enorme imperio empresarial en Macao.

Una boda que conquistó las redes sociales

Tras la publicación de las fotografías oficiales, miles de usuarios reaccionaron al espectacular evento. Los comentarios destacaron especialmente la elegancia de la novia, la belleza del vestido Dior y la impresionante ubicación elegida para la ceremonia.

Para muchos expertos en moda y sociedad, la boda de Ming Xi y Mario Ho ya se encuentra entre las celebraciones más memorables y exclusivas de los últimos años. La combinación de alta costura, historia y lujo convirtió el evento en un acontecimiento único que difícilmente pasará desapercibido.

Con un escenario digno de un cuento de hadas, un vestido que marca una nueva etapa para Dior y una organización sin precedentes, la pareja logró transformar su boda en uno de los eventos sociales más comentados de 2026.

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