Rosalía se despide de la Motomami con LUX

Después del terremoto cultural llamado Motomami, cualquiera hubiera esperado que Rosalía siguiera exprimiendo la fórmula del éxito: ritmos latinos, coreografías virales, sampleos descarados y ruido excesivo. Pero LUX —su cuarto álbum de estudio— hace exactamente lo contrario: desacelera, abre las ventanas y deja entrar el aire frío de algo que no busca aprobación. Es un disco que respira distinto, que se toma su tiempo, que deja espacio al silencio y a la contemplación. Donde antes había reguetón, bachata y sones, ahora hay violines, órganos, cantos y pausas que parecen hechas para escuchar el eco de su propia voz.

Desde la primera escucha queda claro que estamos ante una nueva etapa. En una listening party en Ciudad de México, Rosalía se despidió oficialmente de la Motomami, la mujer que desafiaba las normas con cascos, cuero y adrenalina. “LUX es otra piel”, habría dicho a los asistentes. “Es el reflejo de lo que viene cuando ya no tienes miedo de perder”. Esa declaración resume el espíritu del álbum: el desprendimiento como forma de poder.

El disco abre con “Sexo, Violencia, Llantas”, una introducción casi cinematográfica, donde los violines tensos y el piano minimalista construyen un paisaje inquietante. Es un prólogo que anuncia que algo se está transformando. Luego llega “Reliquia”, una pieza donde la electrónica toma el control y aparece el eje conceptual del álbum: la dualidad constante entre lo antiguo y lo moderno, entre lo terrenal y lo divino. Ese contraste, entre lo humano y lo sagrado, será la columna vertebral de todo LUX. Rosalía ya no quiere mezclar géneros: ahora los trasciende, los deshace, los reinterpreta.

“La gran inspiración para este disco es la mística femenina”, declaró la cantante catalana durante la gira promocional en México. LUX es, en efecto, una travesía espiritual contada a través de mujeres-símbolo que representan distintas formas de fe, resistencia y redención. De Juana de Arco a Santa Teresa, de Miriam a Santa Olga de Kiev, de Santa Rosa de Lima a figuras anónimas que nunca aparecieron en los libros, Rosalía se adentra en la espiritualidad femenina no como dogma, sino como fuerza interior. No las nombra, las encarna. En sus canciones, cada voz femenina se convierte en reflejo, en plegaria, en espejo.

Canta en trece idiomas: español, inglés, latín, catalán, chino, japonés, árabe, ucraniano y más. Cada lengua abre una nueva dimensión emocional, como si LUX fuera un mapa espiritual del mundo. Hay canciones que suenan como rezos antiguos y otras como hechizos contemporáneos. Nada busca el algoritmo, todo obedece a un impulso casi ritual. “Berghain”, el primer adelanto, fue una sorpresa total: un tema orquestal, etéreo y expansivo que combina la voz de Rosalía con la de Björk y Yves Tumor en una especie de instalación sonora que desborda cualquier formato pop.

El álbum está lleno de momentos que cortan la respiración. En “Mio Cristo”, Rosalía abandona los efectos, las capas, la ironía. Canta con una desnudez vocal conmovedora, dejando claro que su fuerza no está en el artificio, sino en la entrega. Esa vulnerabilidad, tan alejada del personaje Motomami, revela a una artista en plenitud, consciente del peso de su propio mito.

La religiosidad en LUX no es decorativa ni impostada: está en su ADN. Desde la letra hasta la textura sonora, todo evoca una espiritualidad que no pertenece a ninguna iglesia, sino a una búsqueda personal. “Recuerdo haber puesto un mapamundi y marcar con pins los nombres de santas, lugares y leyendas femeninas. Cada canción surgió de esas historias”, contó Rosalía en una entrevista. Así, LUX se convierte en un diario de viaje interior, donde cada tema es una estación de ese peregrinaje emocional.

 

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El riesgo creativo también define el disco. Las colaboraciones no buscan el impacto comercial, sino la coherencia del relato. Una de las más sorprendentes llega con Yaritza y Su Esencia, en una canción que fusiona el lamento del corrido tumbado con una espiritualidad contenida. La voz de Yaritza, rasposa y vulnerable, dialoga con una Rosalía que canta como si orara. Nadie lo vio venir, pero la magia ocurre porque ambas siguen el mismo impulso: sentir, no impresionar.

Cada pista de LUX parece diseñada para ser vivida en un escenario. Hay pausas que suenan a respiraciones escénicas, crescendos que exigen luces cálidas, cuerpos en movimiento o simplemente silencio. Es un disco teatral, con una estructura casi litúrgica. No es difícil imaginarlo como una obra en tres actos: renuncia, revelación y redención. LUX no pide pantallas ni efectos: pide sombra, incienso y presencia.

Y entonces llega la pregunta inevitable: ¿cómo se verá esta nueva Rosalía en vivo? ¿Qué ritual nacerá de estas canciones que parecen escritas para una catedral vacía o un teatro en penumbra? Su reinvención ya no depende del ruido, sino del silencio. No del exceso, sino del equilibrio.

La potencia regresa con la ya mencionada “Berghain”, un tríptico junto a Björk y Yves Tumor que se siente más como una obra conceptual que como un sencillo. Grabada con la Orquesta Sinfónica de Londres, combina versos en alemán con una arquitectura vocal que recuerda a los coros medievales. Es una experiencia inmersiva que confirma lo que LUX representa: la evolución definitiva de una artista que no teme mirar a lo divino para seguir siendo humana.

En LUX, Rosalía no solo se despide de la Motomami; se despide del ruido, del personaje, del espejo. Lo que queda es una artista que se atreve a cantar desde el silencio. Una mujer que entendió que, a veces, la mayor

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La marca peruana transforma la saponina de la cáscara de quinua y los extractos de plantas andinas en productos para el cuidado cotidiano del hogar.

Reconocida mundialmente por su valor alimenticio, la quinua ahora protagoniza una propuesta inesperada: la limpieza del hogar. Hanqa, marca peruana desarrollada por la Biotech Natural Centric S.A.C., aprovecha la saponina presente en la capa exterior de este grano para crear productos inspirados en la biodiversidad del país.

Su línea incluye lavavajillas, desengrasante, limpiapisos y limpiavidrios, elaborados con saponina de quinua, extractos de plantas y aceites esenciales. La propuesta está dirigida a familias y consumidores que buscan cuidar sus espacios mediante alternativas de origen vegetal.

De la quinua al cuidado cotidiano del hogar

El diferencial de Hanqa está en combinar innovación, identidad peruana y funcionalidad. Cada producto incorpora ingredientes botánicos que aportan aromas y características particulares, convirtiendo las tareas domésticas en una experiencia más agradable y consciente.

La marca responde, además, a una nueva forma de entender el cuidado del hogar. Hoy, los consumidores no solo buscan resultados visibles, sino también conocer el origen de los ingredientes presentes en los productos que utilizan diariamente.

Esta preocupación cobra especial importancia en hogares con niños, mascotas o personas que desean reducir la presencia de ingredientes agresivos en sus rutinas. Para ellos, elegir con qué limpiar también forma parte de una vida orientada al bienestar.

Hanqa propone llevar esa decisión consciente a diferentes espacios de la casa. Desde el lavado de los platos hasta la limpieza de pisos, vidrios y superficies, su línea busca acompañar las actividades cotidianas con fórmulas inspiradas en recursos naturales del Perú.

La saponina de quinua ocupa un lugar central dentro de esta propuesta. Tradicionalmente separada del grano durante su procesamiento, esta sustancia encuentra una nueva aplicación como componente de productos destinados a la limpieza doméstica.

De esta manera, la marca presenta una mirada innovadora sobre el aprovechamiento de la biodiversidad. Un ingrediente asociado principalmente con la agricultura y la alimentación se convierte en el punto de partida para desarrollar soluciones de uso diario.

Los extractos de plantas peruanas y los aceites esenciales complementan las fórmulas, aportando una identidad sensorial vinculada con los aromas de la naturaleza. Así, Hanqa busca diferenciarse dentro de una categoría tradicionalmente dominada por propuestas convencionales.

Innovación peruana con respaldo institucional

La iniciativa también cuenta con el respaldo del ecosistema peruano de innovación. Su proyecto fue seleccionado por Startup Perú, iniciativa gestionada por ProInnóvate, programa del Ministerio de la Producción que impulsa emprendimientos innovadores con potencial de crecimiento.

Este reconocimiento destaca la capacidad de los emprendimientos nacionales para convertir recursos locales en productos con valor agregado. También demuestra que la innovación peruana puede llegar a actividades tan cotidianas como limpiar la cocina o lavar los platos.

Con esta propuesta, Hanqa busca posicionarse como una marca que conecta ciencia, naturaleza e identidad nacional. Su visión no se limita a ofrecer productos de limpieza, sino a promover una relación más consciente con el hogar y con los recursos del país.

En un mercado en constante transformación, la marca peruana abre una conversación sobre el futuro de la limpieza: fórmulas inspiradas en plantas, ingredientes de origen local y soluciones pensadas para las necesidades de las familias actuales.

La quinua encuentra así un nuevo lugar en los hogares. Esta vez, no solo aparece sobre la mesa, sino también en el cuidado de platos, pisos, vidrios y superficies, demostrando que la riqueza natural del Perú todavía tiene muchas historias por revelar.

 
 
 

Erling Haaland lleva semanas siendo uno de los nombres más repetidos del Mundial 2026. Goles, récords, titulares, memes. Pero mientras el delantero noruego acapara todas las cámaras dentro del campo, hay una persona que lo acompaña con discreción. Su nombre es Isabel Haugseng Johansen, tiene 22 años, y el Mundial la convirtió, casi sin quererlo, en uno de los rostros más buscados de estas semanas.

Un pueblo pequeño

Para entender a Isabel hay que entender Bryne, una localidad costera del suroeste de Noruega con poco más de doce mil habitantes y un club de fútbol, el Bryne FK, que fue el punto de partida de dos carreras muy distintas. Haaland creció ahí y dio sus primeros pasos en ese club antes de que el mundo supiera quién era. Isabel también jugó en el equipo femenino del Bryne FK, donde fue considerada una de las promesas del mediocampo local.

Se conocieron siendo adolescentes, compartiendo canchas en el mismo pueblo. Fue ella quien dio el primer paso. «Me envió un mensaje. Jugaba en el mismo club que yo», contó Haaland al canal noruego NRK en noviembre de 2025. Isabel lo confirmó con una versión que tiene su propia gracia: «Me gustó primero su mejor amigo, pero cuando le vi a él, cambié de opinión. Creo que es el destino.»

La decisión de no existir públicamente

Lo que hace distinta a su historia de amor es lo que han decidido hacer. Ambos mantienen su vida amorosa fuera de las redes sociales. En una industria donde las parejas de los futbolistas más famosos del mundo construyen carreras paralelas frente a las cámaras, Isabel optó por el camino contrario.

La decisión se intensificó en diciembre de 2024, cuando nació su hijo Odín. Ambos acordaron mantener al niño completamente alejado del ojo público, sin fotos, sin publicaciones, sin apariciones. Actualmente, Isabel vive en Manchester junto a Haaland, acompañando su carrera en el City desde la distancia que ella misma eligió.

Perfil bajo, vida alta

Fuera del fútbol y de los focos, Isabel trabaja en el mundo de la moda y pasa la mayor parte del tiempo entre Manchester y Noruega. Su convivencia con Haaland, según él mismo contó en el programa The Rest Is Football, es tan cotidiana como la de cualquier pareja: «Mi esposa dijo que estaba harta del fútbol, que lo vemos todo el tiempo.» Para equilibrar, cocinan juntos y juegan videojuegos.

Su relación está lejos del glamour que rodea a otras parejas de su entorno. Esa sencillez es, precisamente, lo que más llama la atención de Isabel Haugseng Johansen. En un mundo donde la fama de Haaland podría haberle abierto todas las puertas que quisiera, ella eligió mantener su distancia. Sin embargo, el Mundial 2026 las abrió un momento, casi por accidente. Lo que haga con eso, como todo lo demás en su vida, lo decidirá ella sola.

Dua Lipa y Callum Turner oficializaron su amor el pasado 31 de mayo en una ceremonia civil en Londres, pero los festejos apenas estaban comenzando. Días después, la pareja fue fotografiada en Palermo, Sicilia, donde todo apunta a que se prepara una celebración más grande y especial, rodeada de familiares, amigos cercanos y algunos nombres importantes del mundo del entretenimiento. La expectativa no ha tardado en crecer, y los medios de todo el mundo tienen los ojos puestos en la isla.

La relación entre la cantante británico-albanesa y el actor se hizo pública en 2024 y, desde entonces, ambos han sabido mantener su vida personal lejos de los reflectores. Perfil bajo, pocas declaraciones y mucha discreción: esa ha sido su fórmula. Pero una boda de esta magnitud es difícil de pasar por alto. Según reportes internacionales, la pareja habría elegido algunos de los espacios históricos más icónicos de Sicilia para recibir a sus invitados, aunque los detalles oficiales siguen siendo escasos, tal como a ellos parece gustarles.

Una ciudad dividida

La llegada de Dua Lipa y Callum Turner a Palermo no ha dejado indiferente a nadie. Quienes trabajan en el turismo y el comercio local ven en el evento una gran oportunidad: cobertura mediática, visibilidad y el movimiento económico que genera una celebración de este nivel. Sin embargo, no todos comparten el entusiasmo. Otros residentes han expresado su incomodidad ante las restricciones temporales que inevitablemente acompañan a este tipo de eventos de alto perfil.

El debate no es nuevo ni exclusivo de Palermo. Cada vez más destinos turísticos europeos se enfrentan a la misma pregunta: ¿cómo encontrar el equilibrio entre los beneficios económicos que traen los grandes eventos y el impacto real que tienen en la vida cotidiana de quienes viven ahí? Es una conversación que, por ahora, no tiene una respuesta sencilla.

Palermo, un destino cada vez más atractivo para las celebridades

La elección de Palermo también habla del momento que vive la región. En los últimos años, Sicilia se ha posicionado como uno de los escenarios preferidos para bodas exclusivas, producciones audiovisuales y encuentros privados entre figuras internacionales. No es casualidad: uno de los espacios elegidos para los festejos es la Villa Valguarnera, en Bagheria, una mansión barroca del siglo XVIII que Condé Nast Traveler describe como «el escondite más romántico de Sicilia» y que se usó com locación para la miniserie de Netflix basada en El Gatopardo.

Los festejos continúan y Dua Lipa, que ya ha demostrado tener muy buen ojo para la estética en todo lo que hace, parece haber encontrado en Sicilia el escenario perfecto para uno de los momentos más importantes de su vida

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