COBERTURA

La noche en Venecia tenía ese aire eléctrico que solo el festival de cine más antiguo del mundo puede regalar. Las góndolas se mecían suavemente en la laguna, los flashes de los fotógrafos pintaban destellos en la alfombra roja y, en medio de ese torbellino de glamour, un hombre acaparó todas las miradas: Dwayne “The Rock” Johnson.

Con 27 kilos menos, un porte renovado y un traje gris de Prada perfectamente entallado, Johnson descendió del coche oficial como si hubiese esperado toda su vida ese momento. La multitud estalló en vítores, los fotógrafos corearon su nombre y, por primera vez en mucho tiempo, La Roca no parecía un héroe de acción en promoción, sino un actor dispuesto a reclamar su lugar entre los grandes.

La prensa especializada coincidió: estaba irreconocible, no solo por la pérdida de peso, sino por la serenidad con la que caminaba, la confianza medida y el magnetismo de alguien que sabe que está dando un paso decisivo.

Dwayne Johnson en la alfombra roja de Venecia

El dos piezas gris, confeccionado a medida, se convirtió en el aliado perfecto de esta metamorfosis. La chaqueta de doble botonadura, ligeramente estructurada, cubría hombros y pectorales con precisión quirúrgica, sin tensiones ni rigideces. El pantalón recto, de caída impecable, descansaba justo sobre los zapatos brillantes, alargando su silueta.

La sorpresa fue la camisa crema, abierta bajo la americana, que añadía un punto de desenfado mediterráneo al conjunto. Era el detalle que recordaba que, por muy elegante que se viera, Johnson seguía siendo un hombre cercano, con esa energía carismática que lo convirtió en ídolo mundial.

Los críticos de moda lo definieron como un ejemplo magistral de “mazado elegante”, una categoría poco explorada en la sastrería, donde los cuerpos atléticos suelen caer en la trampa de chaquetas demasiado ajustadas. Johnson, en cambio, demostró que el secreto no es mostrar músculo, sino entender la silueta adecuada.

La alfombra roja fue solo el preludio. La verdadera prueba llegó con la proyección de The Smashing Machine, el biopic de Mark Kerr, luchador legendario de artes marciales mixtas, doble campeón de la UFC, pero también un hombre marcado por las adicciones y la fragilidad emocional.

Bajo la dirección de Benny Safdie, Johnson encontró un papel a su medida: un personaje que exige fuerza física, sí, pero también vulnerabilidad, dudas, caídas y redenciones. En la pantalla, The Rock dejó de ser invencible para convertirse en humano.

El público de la sala grande del Lido lo entendió de inmediato. Cuando aparecieron los créditos, el silencio se quebró en un estallido de aplausos. La ovación se prolongó durante 15 minutos eternos, con Johnson visiblemente emocionado, llevándose la mano al corazón y saludando al público. Algunos críticos, de pie, no dudaron en aplaudir con lágrimas en los ojos.

Ese momento, capturado por decenas de cámaras, no fue solo un gesto de cariño: fue la confirmación de que Dwayne Johnson está listo para competir en la temporada de premios.

Película ovacionada «The smashing machine»

Los expertos ya lo comparan con otros actores que dieron un giro inesperado en sus carreras: Mickey Rourke en The Wrestler, Matthew McConaughey en Dallas Buyers Club o incluso Sylvester Stallone en Rocky. Venecia, con su aura de legitimidad artística, podría ser el punto de partida de su primera campaña seria hacia los Oscar.

En los pasillos del festival, entre copas de prosecco y conversaciones apresuradas de críticos, se repetía la misma frase: “Dwayne Johnson ya no es solo The Rock”.

Su presencia en la alfombra roja, su elegancia sobria, su interpretación desgarradora y la respuesta eufórica del público confirmaron lo que parecía impensable hace unos años: el hombre que dominó la taquilla mundial con franquicias de acción ahora busca —y quizá logre— algo mucho más duradero: el respeto eterno de la Academia y la crítica.

En Venecia, bajo el cielo estrellado y el murmullo de la laguna, quedó claro que Dwayne Johnson acaba de iniciar la segunda vida de su carrera. Y lo hizo como los grandes: con un traje perfecto, una actuación inolvidable y una ovación que aún resuena en los canales de la ciudad.

Hay veladas que se graban en la memoria colectiva, y la primera aparición de Julia Roberts en la alfombra roja del Festival de Venecia ya forma parte de ellas. La actriz, cuya sonrisa ha iluminado pantallas durante más de tres décadas, llegó a la Biennale con un magnetismo que parecía detener el tiempo. A pesar de su extensa filmografía, reconocimientos y premios, nunca antes había pisado este escenario. Su debut no solo se vivió como un acontecimiento cinematográfico, sino también como un esperado ritual: la llegada oficial de la ‘novia de América’ a uno de los escenarios más glamurosos del mundo.

El contexto no podía ser más simbólico. Roberts viajó para acompañar el estreno de Caza de brujas, la nueva propuesta de Luca Guadagnino, el director italiano que ha conquistado Hollywood sin renunciar a su raíz europea. Aunque la cinta se presenta fuera de competición, la expectación estaba asegurada. El elenco, que reúne a Ayo Edebiri, Andrew Garfield, Chloë Sevigny y Michael Stuhlbarg, confirma la magnitud del proyecto. En ella, Julia encarna a Alma Olsson, una profesora universitaria atrapada en un drama psicológico que estalla cuando una alumna acusa a un colega de abuso, desencadenando un intenso conflicto ético y personal. El filme promete incomodar, provocar debate y dejar huella, al igual que su protagonista.

Julia Roberts en la rueda de prensa.

Si la mañana en Venecia estuvo marcada por la rueda de prensa y la atención de los críticos, la noche se reservó para la moda. Julia Roberts apareció sobre la alfombra roja como una visión de elegancia sobria y magnética. Su elección fue impecable: un vestido azul noche de manga larga, escote cerrado y discreta cola, confeccionado en satén con reflejos que parecían dialogar con las aguas del Gran Canal. El detalle maestro fue un patrón geométrico de rombos más oscuros en la zona del busto y la cintura, que estilizó la silueta y añadió dinamismo a un diseño de corte clásico.

La creación lleva la firma de Versace, con un detalle que la hace aún más especial: pertenece a la primera colección de Dario Vitale como director creativo de la casa. Que Roberts luciera una de sus piezas en una alfombra tan codiciada se sintió como una declaración de intenciones: el encuentro entre el legado glamuroso de Versace y el carisma eterno de Julia.

Los accesorios fueron elegidos con precisión: largos pendientes de diamantes que se deslizaban entre los mechones de su melena cobriza ondulada, un brazalete de impacto y un anillo con diamantes y zafiros que añadían destellos de sofisticación. El maquillaje, en tonos suaves y luminosos, realzó la frescura de su rostro, mientras que las ondas fluidas de su peinado evocaban el glamour clásico de Hollywood con naturalidad.

El cantante argentino Paulo Londra sorprendió a sus seguidores peruanos al compartir una de las noticias más importantes de su vida personal.

Tras su esperado regreso a los escenarios, luego de seis años alejado de la música, Londra atraviesa un presente lleno de logros tanto profesionales como personales. Desde junio de este año, el artista está comprometido con Martina Quetglas, y juntos celebran la llegada de una nueva etapa familiar.

Así anunció Paulo Londra la llegada de su tercera hija
Durante un concierto en Perú, el intérprete reveló emocionado que nuevamente será papá. “Perú, voy a tener otra nena”, expresó desde el escenario, desatando una ovación entre gritos y aplausos de sus fans. Martina, su pareja, lo acompañó en ese instante tan especial, compartiendo con él la emoción del momento.

La revelación se convirtió en uno de los pasajes más conmovedores de la velada y rápidamente se viralizó en redes sociales. Londra, que ya es padre de dos niñas, celebró con entusiasmo la pronta llegada de una nueva integrante a la familia, reforzando así su vínculo con el público peruano que lo ovacionó con calidez.


El anuncio llega en una etapa clave para Paulo Londra. Comprometido con Martu Quetglas y en pleno resurgir musical, el cantante disfruta de un presente en el que lo personal y lo profesional se entrelazan. Con esta noticia, Isabela y Francisca, sus dos hijas, pronto recibirán a una nueva hermanita.

Minutos después de la revelación, el cordobés compartió en Instagram varias fotografías junto a su pareja y escribió: “Se viene la tercera leoncita, te esperamos con mucho amor y ansias. Gracias, Dios, por formar este equipo. VOY POR EL CLAN LONDRA. Solo princess”. El mensaje, cargado de emoción, conmovió a miles de seguidores y dejó en claro la felicidad que lo envuelve en esta nueva etapa.

 

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La llegada de Jacob Elordi al Festival de Venecia no fue simplemente una aparición más en la alfombra roja, sino uno de los momentos más esperados de esta edición del prestigioso certamen que, como cada año, se convierte en epicentro mundial del cine, la moda y la cultura. Desde hacía semanas, las redes sociales y los foros de estilo especulaban sobre qué llevaría puesto el protagonista de la nueva versión de Frankenstein de Guillermo del Toro, donde comparte cartel con nada menos que Oscar Isaac. Y, fiel a su estilo relajado pero calculadamente impecable, Elordi no decepcionó.

La llegada de Jacob Elordi al aeropuerto Marco Polo en Venecia 2025

El australiano aterrizó en la ciudad de los canales con un look que confirma lo que ya muchos intuían: ha convertido la naturalidad en su mejor herramienta de sofisticación. Vestía con lo que se ha convertido en su uniforme personal lejos de las alfombras rojas y las entrevistas: una camiseta blanca, ligeramente recortada y minimalista; unos pantalones amplios de aire retro que equilibraban comodidad y guiño a la sastrería relajada; y la inseparable gorra de Paly Hollywood, la firma fundada por James Franco que, en los últimos años, se ha consolidado como accesorio fetiche dentro del armario del actor. Ese toque urbano y desenfadado le otorga una aura de chico cool que se mueve entre el estrellato hollywoodense y la autenticidad de quien viste para sí mismo, no solo para las cámaras.

A esta primera postal veneciana se suma otro de los elementos que nunca faltan en el estilo de Jacob: los accesorios de Bottega Veneta, marca de la que es orgulloso embajador. Esta vez lo vimos con el bolso Cabat, una de las piezas más icónicas de la maison, acompañado de un trolley de cabina Odessey Intrecciato, prueba irrefutable de que, incluso en tránsito, su lealtad hacia la firma italiana es absoluta. No es casualidad: desde hace tiempo, Bottega Veneta reina como la indiscutible campeona del “aeropuerto chic”, acompañando a las celebridades más influyentes con diseños que transforman el acto de viajar en una declaración de estilo.

Vestimenta de la mañana siguiente en Venecia

El verdadero momento estelar llegó el día 30. No fue solo su aparición en la alfombra roja del Festival de Venecia 2025 —donde deslumbró con un esmoquin negro cruzado, pantalón amplio y camisa blanca, dejando incluso en segundo plano a su compañero de reparto, Oscar Isaac, pese a su llamativa camisa de lunares—, sino también el atuendo que eligió por la mañana para la presentación ante la prensa.

Elordi optó entonces por un look completamente blanco, de inspiración nupcial, compuesto por una camisa sencilla y un pantalón de pinzas a juego, prenda que ya había señalado como su favorita durante el festival. Para completar, eligió unos zapatos negros de piel de becerro lisa con el clásico motivo Intrecciato artesanal, los mismos que, con gran acierto, volvió a lucir en la gala nocturna.

Lo que sí está claro es que la figura de Jacob Elordi ha trascendido ya el ámbito del actor prometedor para convertirse en ícono cultural y de estilo. Cada una de sus apariciones, por más casual que parezca, revela una narrativa cuidada: la de un intérprete joven que juega con la dualidad entre lo accesible y lo aspiracional, entre lo cotidiano y lo cinematográfico. Su manera de vestir, aparentemente sencilla, encierra un mensaje poderoso: la elegancia contemporánea ya no se mide por la rigidez de un esmoquin, sino por la capacidad de dotar de carisma a lo más básico.

En Venecia, entre góndolas, flashes y expectativas desbordadas, Jacob Elordi reafirma lo que ya intuíamos: no es solo el protagonista de una película de Guillermo del Toro. Es, además, un nuevo referente de cómo la moda se entrelaza con la identidad, de cómo cada elección —desde una gorra vintage hasta un bolso de lujo— construye un relato que trasciende lo efímero del festival para convertirse en tendencia global.

En Menorca, frente a las aguas turquesa del Mediterráneo, Tom Cruise y Ana de Armas fueron captados compartiendo un yate. Las imágenes, rápidamente virales, han encendido el debate en Hollywood y en la prensa internacional: ¿amistad profesional o un romance que empieza a tomar forma?

Lo cierto es que las fotos tienen todos los elementos de un relato cinematográfico: dos estrellas de proyección global, un escenario idílico y un clima de misterio que alimenta especulaciones. Para algunos, parecen simples colegas disfrutando de un descanso entre rodajes. Para otros, son el preludio de una historia que podría convertirse en la pareja más comentada de la industria.

Entre rumores y silencios estratégicos

Mientras las imágenes circulaban, Ana de Armas optó por el silencio. Ni desmentido ni confirmación, solo una declaración indirecta filtrada por una “fuente cercana”: la actriz está “soltera” y enfocada en su próxima película, Deeper, dirigida por Doug Liman. Una producción que, casualmente, comparte con Tom Cruise.

Cruise, en tanto, sigue representando un enigma. A los 60 años mantiene la energía de un héroe de acción —saltando de helicópteros y corriendo en cada escena—, pero también carga con la sombra de la Cienciología y una vida privada minuciosamente controlada. Esa dualidad lo convierte en un personaje fascinante y, a la vez, impredecible.

El caso invita a preguntarse si Tom Cruise sigue siendo considerado un sex symbol en pleno 2025. Sus detractores subrayan la estatura, las excentricidades y las polémicas que lo rodean. Sus defensores apuntan a su magnetismo intacto, a la disciplina física y a un legado de más de cuatro décadas de cine taquillero. En otras palabras, guste o no, Cruise sigue teniendo un peso cultural imposible de ignorar.

La trayectoria sentimental de Ana también aporta contexto. Desde Ben Affleck hasta vínculos con figuras de alto perfil en Cuba, la actriz ha mostrado afinidad por hombres que ocupan un lugar simbólico en el imaginario colectivo. En esa línea, Cruise encaja perfectamente: más que un colega, representa un ícono cultural que ha marcado generaciones.

La gran incógnita es si se trata de una relación de mentoría o de un romance en ciernes. Hollywood conoce bien ambos guiones. Lo que sí es claro es que las imágenes del yate existen, y en un ecosistema donde lo visual pesa más que cualquier comunicado oficial, la narrativa ya está en marcha.

Sea cual sea la respuesta, la combinación de Cruise y De Armas es explosiva: un mito del cine de acción y la actriz latina más influyente del momento. Si lo suyo trasciende lo profesional, no solo estaríamos frente a un noviazgo mediático, sino ante una alianza cultural capaz de reescribir titulares durante meses.

El reguetón vuelve a verse envuelto en una batalla legal. Rauw Alejandro enfrenta una demanda interpuesta por BM Records, compañía que asegura tener la titularidad de grabaciones del histórico DJ Playero, pionero del género. La disquera alega que en el álbum Saturno (2022) se utilizaron fragmentos de canciones de Playero sin contar con las licencias correspondientes.

De acuerdo con Billboard Latino, la querella fue presentada el 21 de agosto e incluye como demandados no solo a Rauw, sino también a Sony Music Latin y Duars Entertainment, sellos responsables de lanzar el disco. Según los documentos judiciales, la demanda busca hasta 150,000 dólares en daños por cada tema señalado.

La acusación detalla una serie de coincidencias entre los tracks de Saturno y las creaciones de Playero:

“DE CAROLINA” contendría elementos de “La gente sabe”.

“PANTIES Y BRASIERES” de “Camuflash”.

“DEJAU’” de “Sigan bailando”.

“PUNTO 40” de “Tengo una punto 40”.

“El uso de estas obras se hizo sin obtener una licencia válida”, declaró el abogado Daniel Lifschitz, representante de BM Records. “Por lo tanto, la explotación de Saturno infringe los derechos de autor de las creaciones de Playero que pertenecen a [BM]”.

Lo llamativo del caso es que el propio DJ Playero figura acreditado en varias de las canciones de Saturno. Incluso, al momento de su lanzamiento, el productor utilizó sus redes sociales para celebrar el proyecto, destacando la colaboración con Rauw. Hasta la fecha, ni él ni el artista han emitido declaraciones públicas sobre si existió un acuerdo personal paralelo o si la disputa se limita a un conflicto de licencias entre el productor y BM Records.

El pleito recuerda al enfrentamiento de 2021 entre la misma compañía y Bad Bunny, por el uso de samples de Playero en el éxito “Safaera”. En ese entonces, el propio DJ se desmarcó de la controversia, señalando que escuchar su obra en un hit global era “una sensación hermosa”. El caso se resolvió en 2023 con un acuerdo extrajudicial.

Más allá de las cifras, la demanda pone sobre la mesa una discusión de fondo: el lugar del sampling en un género como el reguetón, que desde sus inicios se ha nutrido de la reutilización y la reinvención de sonidos. En la actualidad, con el reguetón convertido en un negocio multimillonario, el escrutinio legal sobre la utilización de fragmentos musicales es cada vez más estricto, obligando a los artistas a negociar licencias formales que antes se pasaban por alto.

Mientras tanto, el futuro legal de Rauw Alejandro queda en manos de los tribunales. El caso definirá no solo el desenlace para Saturno, sino también la manera en que la industria latina seguirá gestionando un recurso creativo que, paradójicamente, dio vida al propio reguetón.

Mientras la mayoría de tenistas dedica las semanas previas al US Open a entrenamientos intensivos, Carlos Alcaraz sorprendió con un ritual diferente: pasar por la peluquería. A sus 22 años, el español apareció en el USTA Billie Jean King National Tennis Center con un look radical: cabeza rapada al cero. El gesto, sencillo en apariencia, transformó por completo su imagen.

El cambio de estilo marca un antes y un después. Si antes Alcaraz proyectaba frescura juvenil —el mismo encanto con el que conquistó Nueva York a los 19—, ahora su presencia recuerda a la de un gladiador contemporáneo. Su físico atlético y cada movimiento explosivo resaltan aún más bajo esta estética limpia, dura y contundente.

Carlos Alcaraz tenista profesional español.

Aunque él mismo confesó que todo empezó por un error de su hermano con la máquina de cortar, la cabeza rapada conecta con una larga tradición. Soldados, cadetes y atletas la han adoptado durante siglos como símbolo de disciplina, fuerza y preparación para la batalla. En Alcaraz, el gesto adquiere un matiz ceremonial, casi como un grito silencioso de guerra antes de enfrentar uno de los torneos más exigentes del año.

“Ya tenía el pelo muy largo y quería cortármelo antes del torneo”, explicó entre risas, admitiendo que su nuevo look divide opiniones. Pero más allá de la anécdota, el cambio lo alinea con una estética universal y atemporal. Como señala el peluquero Maxwell Oakley: “La cabeza rapada es un estilo icónico. Masculino, elegante e increíblemente fácil de mantener. Es un look que ha llegado para quedarse.”

La historia del tenis está marcada por estilos que trascendieron la cancha: el mullet rebelde de Andre Agassi, las trenzas poderosas de Serena Williams o las reinvenciones de Novak Djokovic. Ahora, Carlos Alcaraz se suma a esa tradición. De prodigio juvenil pasa a guerrero, recordándonos que a veces la verdadera transformación no empieza con la raqueta, sino frente al espejo.

Austin Butler y Bad Bunny forman una pareja tan inesperada como fascinante en Caught Stealing, el nuevo thriller de Darren Aronofsky que promete ser uno de los estrenos más comentados del año. Tras debutar en Hollywood junto a Brad Pitt en Bullet Train, Benito continúa explorando su faceta como actor, ahora al lado de grandes figuras del séptimo arte.

Y aunque la cinta aún no llega a los cines —su estreno está programado para el 10 de octubre—, la gira de promoción ya nos ha regalado momentos virales, como Butler bailando en la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico.

Mientras Zoë Kravitz y Austin Butler muestran gran complicidad como pareja protagonista, el foco también se ha dirigido hacia la inesperada dupla de Butler y Bad Bunny. Su estilo y personalidad, distintos pero complementarios, han capturado la atención de la Gen Z, consolidándolos como referentes tanto en talento como en moda.

Bad Bunny, Zoë Kravitz y Austin Butler en el estreno de «Caught Stealing»

En la premiere de Nueva York, Austin Butler revivió su era Elvis con un look rebelde y sofisticado:

Diseño exclusivo de Sarah Burton para Givenchy: traje de dos piezas en piel negra, hecho a medida.

Un guiño al legendario traje de cuero de Elvis, pero con un giro moderno y elegante.

Butler lo llevó con el torso al descubierto y zapatos de cordones, proyectando seguridad y magnetismo.

En contraste, Bad Bunny optó por un conjunto blanco de Saint Laurent, inspirado en la estética escolar. Una apuesta fresca, juvenil y arriesgada, que confirma su capacidad para marcar tendencia incluso en una alfombra roja.

Yin y Yang de la alfombra roja

El contraste entre ambos no pudo ser más llamativo: la vibra rockera y oscura de Butler frente al aire inocente y minimalista de Benito. Dos estilos opuestos que, juntos, lograron uno de los momentos más icónicos de la temporada de premieres.

El exjugador nunca ha sido un hombre de elecciones obvias. Si en la cancha su instinto lo llevaba a romper esquemas y dejar a todos boquiabiertos, en el universo de la relojería mantiene la misma filosofía: ir a contracorriente. Aunque en su colección figuran inevitables clásicos como Rolex o Patek Philippe, lo cierto es que Jordan prefiere piezas que hablan de rareza, innovación y riesgo estético.

El ejemplo más reciente lo vimos durante sus vacaciones en Positano, uno de los enclaves más exclusivos de la costa amalfitana. Mientras almorzaba en el restaurante Le Tre Sorelle, Jordan lució nada menos que un Urwerk UR-112 Aggregat, un reloj que, más que accesorio, parece una obra de ingeniería futurista.

Presentado en 2021 en una edición limitada de solo 25 unidades, este modelo suizo desafía cualquier convención de la relojería clásica. Con apenas 25,5 gramos de peso gracias a su caja de titanio, la pieza prescinde de las agujas tradicionales para mostrar la hora de manera digital, mediante prismas triangulares que flotan dentro de cilindros transparentes. Los minutos avanzan en saltos de cinco, lo que convierte cada vistazo al reloj en una experiencia casi escultórica

Urwerk UR-112 Aggregat, reloj que usó Michael Jordan.

Más allá de la extravagancia, lo interesante es lo que esta elección revela de Jordan como coleccionista. No busca simplemente el reloj más caro ni el más reconocido: busca piezas que cuenten una historia, que se salgan de la norma y que representen, de alguna manera, la mentalidad que lo convirtió en leyenda. Así como dominaba la cancha con jugadas imposibles de predecir, hoy domina la escena del lujo con una colección que sorprende incluso a los más entendidos.

El Urwerk UR-112 Aggregat no es un reloj para cualquiera; es un manifiesto de individualidad, un objeto que exige ser comprendido. Y quizá ahí radique el verdadero encanto de Michael Jordan como icono de estilo: incluso fuera del baloncesto, sigue jugando en una liga distinta.

Brooklyn Beckham y Nicola Peltz volvieron a celebrar su amor con una ceremonia íntima en el condado de Westchester, Nueva York. Sin embargo, lo que más ha llamado la atención no fue el evento en sí, sino la ausencia total de la familia Beckham, que no fue invitada ni informada de la celebración.

De acuerdo con el diario británico The Sun, David y Victoria Beckham se enteraron de la renovación de votos de su hijo mayor a través de los medios estadounidenses. Fuentes cercanas aseguran que los padres sienten que Brooklyn “ha dado la espalda a la familia”, un gesto que ha profundizado las tensiones que arrastran desde hace algunos años.

La ceremonia estuvo cargada de simbolismo para la familia Peltz. Nicola lució el vestido de novia que llevó su madre en 1985, mientras que su padre, el empresario Nelson Peltz, fue el encargado de oficiar el acto. Este detalle habría sido especialmente doloroso para David Beckham, quien esperaba algún rol en la unión de su hijo, según comentó una persona allegada.

La misma fuente reveló que incluso los abuelos de Brooklyn se sienten desconsolados, ya que siempre mantuvieron una relación muy cercana con él. “Se siente cruel y rencoroso. La familia siente que perdió a su preciado hijo y no ve vuelta atrás”, declaró.

El distanciamiento entre los Beckham y los Peltz no es nuevo. Todo comenzó en 2022, cuando Nicola rechazó el vestido de novia diseñado por Victoria Beckham y prefirió uno de la firma Valentino para su boda. Desde entonces, los encuentros familiares han sido prácticamente inexistentes y las apariciones públicas conjuntas, muy escasas.

La renovación de votos, que en principio debía ser una celebración de amor, parece haber marcado un nuevo capítulo en la tensa relación entre ambas familias. Mientras Brooklyn y Nicola refuerzan su unión, el clan Beckham enfrenta el temor de que la distancia con su hijo mayor sea cada vez más definitiva.

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