PASARELA

A sus 47 años, la actriz alemana Sandra Huller, conocida por papeles como en Anatomía de una caída o Zona de interés, sorprendió al mundo de la moda al abrir el desfile de Miu Miu durante la Semana de la Moda de París. Fue su debut modelo, y lo hizo con elegancia, presencia y una transformadora imagen que dejó claro que el glamour no tiene edad.

La noticia rápidamente circuló en medios de todo el mundo, la elección no fue casual, en la industria del fashion, cada movimiento escénico tiene un mensaje. Al elegir a Huller, Miu Miu vincula su propuesta con una narrativa madura, artística y consciente. Además, señala que la moda puede abrazar distintos perfiles, más allá del estereotipo joven e inexplorado.

Para su aparición en la pasarela, Huller presentó un cambio notorio, dejó atrás su melena rubia habitual para lucir un tono chocolate más sobrio y acorde al concepto estético del desfile. Su conjunto en “layering” combinaba piezas en tonos azules claros y oscuros, con una paleta sobria, pero con presencia.

Al desfilar, se la vio con mirada sobria, paso medido y manos discretamente en los bolsillos del mandil azul. Esa simplicidad expresividad reforzó el contraste entre su personalidad artística y el entorno reluciente del mundo fashion. 

La colección primavera/verano 2026 de Miu Miu lleva el nombre “en el trabajo”, y busca reconocer, honrar y resignificar los códigos del vestir ligados al trabajo femenino. Huller no solo aparece como una figura de belleza. Sino como parte de ese mensaje, una mujer reconocida, con historia que ingresa al escenario de la moda como quien ocupa un espacio legítimo. La moda, en este desfile, dialoga con realidades cotidianas. 

No es la primera vez que una actriz cruza hacia el mundo de la moda, pero el caso de Huller tiene un matiz distinto. Ella no representa el glamour superficial, sino una sofisticación que nace de la autenticidad. En una industria que ha sido criticada por promover estándares irreales, su figura encarna una alternativa: la belleza del talento, la presencia de la madurez y el poder de la introspección. El propio equipo de Miu Miu explicó que su elección fue una declaración: querían “una mujer real, con historia y con mirada propia”. La decisión se alinea con una tendencia reciente en la moda internacional: integrar artistas, escritoras y actrices con identidad fuerte, más allá de su apariencia. 

Tras el desfile, las redes sociales se inundaron de comentarios que celebraban su participación. Muchos fans de cine resaltaron la coherencia entre su presencia escénica y la filosofía del desfile: “Sandra no modela, interpreta”. Incluso se habló del “efecto Huller”: una tendencia que podría incentivar a la inclusión de más figuras del cine de autor y de distintas edades en campañas de moda de alto perfil. 

Huller llega a este momento tras un año de gloria cinematográfica. Con Anatomía de una caída, dirigida por Justine Triet, conquistó Cannes y obtuvo nominaciones al Óscar, consolidándose como una de las intérpretes más influyentes del cine europeo contemporáneo. Su salto al universo de la moda no parece una casualidad, sino una evolución natural en su búsqueda artística.

Sandra Huller no solo desfiló, narró una historia sin palabras. Su debut como modelo fue también una metáfora del cambio que la industria necesita, pasar de la belleza aparente a la expresión significativa. En un momento donde la moda busca contenido y propósito, su figura se convierte en símbolo de evolución

Así, el desfile de Miu Miu 2025 no solo quedará en la memoria por sus prendas, sino por su mensaje: que la elegancia verdadera nace de la experiencia, la autenticidad y el arte de ser uno mismo.

La firma francesa Chanel ha vuelto a demostrar por qué sigue siendo sinónimo de elegancia atemporal e innovación con su nueva colección primavera-verano 2026. Bajo la dirección creativa de Matthieu Blazy, la maison parisina presentó una serie de reinterpretaciones del icónico zapato bicolor, un emblema de la casa desde que Coco Chanel lo introdujera en 1957. Esta temporada, el modelo clásico evoluciona en cinco versiones contemporáneas que honran la herencia de la marca sin renunciar a la audacia de los nuevos tiempos. 

La historia del zapato bicolor de Chanel se remonta a la visión de Gabrielle “Coco” Chanel, quien diseñó el primer modelo en tono beige con puntera negra, pensando en la proporción ideal del pie femenino; el beige alargaba la pierna, mientras el negro acortaba el pie, creando una armonía visual perfecta. Este calzado no solo se convirtió en un accesorio indispensable de la mujer elegante, sino también en un símbolo de independencia y modernidad. 

Ahora Matthieu Blazy retoma ese legado con una mirada contemporánea. Su propuesta no busca reemplazar el modelo original, sino multiplicar sus significados y adaptarlo a un público diverso y en constante movimiento. En sus manos, el zapato bicolor deja de ser una reliquia del pasado para convertirse en una declaración de estilo para la mujer del presente.

La colección presenta cinco nuevas versiones que reinterpretan el diseño tradicional con frescura y versatilidad. 

  1. Los sabots bicolores: sin talón y con puntera definida, combinan la sensualidad de un mule con la estructura de un zapato clásico. Confeccionados en ante beige y charol negro, son una muestra de elegancia relajada, pensados para acompañar desde jeans hasta vestidos vaporosos.
  2. Los salones almendrados mantienen la silueta clásica de Chanel, pero con un giro contemporáneo. Su puntera cuadrada y el ribete negro contrastante le otorgan un aire arquitectónico que dialoga con los nuevos códigos de la feminidad moderna.
  3. Los “cut-out”: quizás los más atrevidos, juegan con aberturas estratégicas y líneas geométricas. Este diseño, con correas finas y estructura casi escultórica, representa la libertad creativa de Blazy y su interés por explorar la sensualidad desde su sutileza.
  4. Los zapatos tipo “guante”: confeccionados en piel ultra suave, se adaptan al pie como una segunda piel. Minimalistas y sobrios, apuestan por la comodidad sin sacrificar el lujo, una combinación que define el espíritu contemporáneo de la marca. 
  5. Los escotados de tacón ancho: evocan el poder de la mujer trabajadora con una estructura sólida y un diseño que equilibra elegancia y funcionalidad.

Si el diseño sorprende, los materiales fascinan. A los clásicos beige y negro se suman versiones en tweed, vinilo, charol, piel y hasta texturas metalizadas, demostrando que la herencia no está reñida con la experimentación. Chanel propone una paleta que, sin abandonar su ADN, introduce tonos arena, gris perla, marfil, e incluso combinaciones de verde oliva y borgoña. 

Cada modelo es una pieza que respira historia y modernidad a la vez. Es un homenaje a la mujer Chanel: independiente, segura, elegante y, sobre todo, libre. 

Más allá de la estética, la nueva línea encierra un mensaje poderoso: la moda como evolución constante. En un contexto donde el lujo tiende a revisitar sus raíces. Matthieu Blazy logra mantener la sofisticación sin caer en la nostalgia. Su dirección creativa evidencia que el legado de Coco Chanel no es un museo, sino una conversación viva con el tiempo. Cada par de zapatos se convierte en una metáfora del equilibrio entre memoria e innovación.

En esta colección, Chanel no solo presenta calzado, sino una filosofía: elegancia, autenticidad y movimiento. Los nuevos zapatos bicolor condensan la esencia de la maison: respeto por la tradición, innovación audaz y una feminidad que no se define por modas pasajeras, sino por actitud. Con esta reinvención, Blazy demuestra que Chanel sigue siendo el punto de encuentro entre el arte, la moda, y la historia. Y, una vez más, confirma que un clásico nunca muere, solo evoluciona.

 

La arquitecta y gestora cultural Sandra Cerna Merino, nacida en Cajamarca, ha sido seleccionada como la candidata peruana para participar en Señora Universo 2025, certamen internacional que se llevará a cabo del 1 al 9 de octubre en Filipinas.

A sus 47 años, Cerna asume esta representación con la convicción de demostrar que la belleza puede y debe tener propósito. Más allá de los atributos físicos, su candidatura se sostiene sobre un fuerte componente social: la defensa de los derechos de la mujer, la lucha contra la violencia de género y la promoción de la diversidad cultural. Para ella, ser parte de este evento significa alzar una voz desde el arte, la gestión y la empatía.

Arquitecta de profesión, gestora cultural por vocación y madre de cuatro hijos, Sandra fue criada en Cajamarca, donde aprendió desde pequeña el valor de la identidad y las tradiciones. Desde esa raíz partió para conquistar el título nacional en enero pasado en Lima, en una competencia donde participaron representantes de distintas regiones del país.

En su juventud, Cerna incursionó en certámenes locales, participando en el tradicional “Señorita Carnaval” de Cajamarca, una experiencia que le permitió descubrir su pasión por el trabajo comunitario y el impacto social que puede generar la visibilidad femenina. Sin embargo, interrumpió su camino en los concursos al asumir responsabilidades familiares, dedicando su tiempo a la formación profesional y a la maternidad.

A lo largo de su trayectoria, ha liderado proyectos e iniciativas sociales como Señorita Florecer y Sumaq Warmi, concursos que promueven la belleza integral, la inclusión y la diversidad cultural, especialmente en comunidades rurales y sectores tradicionalmente menos representados. Su objetivo ha sido siempre abrir espacios donde las mujeres puedan expresarse con libertad y sentirse valoradas por su talento, su historia y su capacidad transformadora.

Ser la representante peruana en Señora Universo implica para Cerna una responsabilidad mayor: mostrar al mundo un Perú diverso, ancestral y contemporáneo. “Mi propósito es visibilizar la fortaleza de las mujeres peruanas, de nuestras raíces y nuestra riqueza cultural. No voy solo a representar la belleza, sino el alma de mi país”, ha afirmado en recientes declaraciones.

En los meses previos al certamen, ha recorrido distintas regiones del país —Kuélap, Ayacucho, Paracas, Cusco, Tacna, Trujillo y Piura— realizando sesiones fotográficas en paisajes naturales y patrimoniales como parte de su estrategia de representación. Cada lugar visitado ha sido elegido por su valor simbólico y cultural, buscando transmitir un mensaje de orgullo y respeto hacia la identidad peruana.

Para Sandra, el evento internacional no se limita a una competencia de pasarela, sino que representa una plataforma de cambio. Señora Universo es, en sus palabras, “una vitrina para hablar del verdadero empoderamiento femenino, de la importancia de la educación, el arte y la participación activa de la mujer en la sociedad”.

Su preparación para el concurso incluye no solo el desarrollo físico y escénico, sino también un trabajo emocional y espiritual que le permita sostener su mensaje con autenticidad. Con el respaldo de su equipo y el apoyo de diversas organizaciones culturales, Cerna busca dejar una huella inspiradora en cada etapa del certamen.

Sandra Cerna Merino se perfila así como una representante que trasciende los estereotipos de los concursos tradicionales. Su participación en Señora Universo 2025 invita a repensar la belleza como una herramienta de transformación social, un medio para empoderar y conectar culturas, y un recordatorio de que el Perú tiene mucho más que mostrar al mundo que su geografía o su gastronomía: tiene mujeres que reflejan historia, pasión y resiliencia. Además, su historia inspira a otras mujeres a perseguir sus sueños sin importar la edad ni las circunstancias, demostrando que el liderazgo, la creatividad y la determinación pueden coexistir con la maternidad y la vida profesional, y que cada acción cuenta para cambiar realidades.

París volvió a convertirse en la capital indiscutible del glamour con la apertura de la Paris Fashion Week 2025, y el inicio no pudo ser más espectacular. L’Oréal Paris, marca insignia de la belleza, inauguró la semana con un desfile al aire libre frente al icónico Hôtel de Ville, en pleno corazón de la ciudad. El evento fue mucho más que una pasarela: se trató de un manifiesto de inclusión, diversidad y poder femenino, envuelto en brillo, moda y música en vivo.

El show reunió a figuras internacionales que representan distintas generaciones, estilos y trayectorias, pero unidas bajo una misma premisa: la belleza como fuerza transformadora. Eva Longoria abrió el desfile con un vestido rojo vibrante que desbordaba energía y seguridad, mientras Andie MacDowell apostó por un traje negro de líneas clásicas, demostrando que la sofisticación puede ser atemporal. Por su parte, Viola Davis impactó con un diseño en tonos oscuros con detalles metálicos, reflejando carácter, fortaleza y elegancia.

Uno de los momentos más comentados fue el regreso de Jane Fonda, quien a sus 87 años deslumbró con un body dorado ajustado al cuerpo. Su elección fue más que una declaración de estilo: fue un acto de empoderamiento y una reivindicación de que la belleza no caduca con la edad. El público la ovacionó de pie, consolidándola como una de las grandes protagonistas de la noche y recordando que el glamour no entiende de límites generacionales.

El cierre de la pasarela estuvo a cargo de Kendall Jenner, enfundada en un vestido blanco largo de corte minimalista. Su imagen, sobria pero imponente, fue interpretada como un símbolo de pureza, renovación y equilibrio, ideal para marcar el inicio de una de las semanas más importantes del calendario de la moda mundial.

Entre los desfiles, la cantante brasileña Anitta encendió el ambiente con una actuación llena de energía latina. Su presentación no solo aportó ritmo y frescura, sino que también reforzó el carácter global del evento, demostrando que la moda y la música pueden coexistir en una misma expresión artística.

Más allá de los destellos y las lentejuelas, el desfile de L’Oréal transmitió un mensaje poderoso: la moda debe ser un espacio de inclusión, autenticidad y representación. La marca apostó por mostrar mujeres de distintas edades, procedencias y estilos, reafirmando que la belleza es múltiple, diversa y real. La presencia de figuras como Helen Mirren y Jane Fonda fue un recordatorio de que el estilo no pertenece a una generación, sino a una actitud.

El evento también destacó por su estrategia digital impecable. Fue transmitido en vivo a través de Instagram y TikTok, permitiendo que millones de usuarios alrededor del mundo vivieran el espectáculo en tiempo real. En pocas horas, hashtags como #LOrealParisFashionWeek se convirtieron en tendencia global, con miles de publicaciones replicando los momentos más icónicos de la noche.

Este inicio de Fashion Week dejó el listón altísimo. L’Oréal no solo ofreció un desfile lleno de estrellas, sino que logró transformarlo en una plataforma de conversación global sobre diversidad, empoderamiento y redefinición de la belleza moderna. Los medios, las redes sociales y los asistentes coincidieron: el show de L’Oréal no fue solo moda, fue un manifiesto cultural.

Con este arranque, París no solo se prepara para una semana de desfiles, sino también para una reflexión más profunda: la belleza como herramienta de expresión, identidad y libertad. En tiempos donde las industrias creativas buscan conectar con audiencias más conscientes y auténticas, L’Oréal reafirma su compromiso con una visión de la belleza que inspira, educa y une. Su mensaje trasciende las pasarelas: ser fiel a uno mismo, celebrar la individualidad y abrazar la diversidad como el nuevo estándar de elegancia.

Así, entre luces, música y moda, París vuelve a recordarle al mundo que el verdadero lujo no está en lo superficial, sino en la capacidad de crear impacto, generar conversación y reflejar humanidad. Y en ese terreno, L’Oréal sigue demostrando por qué, después de décadas, continúa siendo una de las marcas más influyentes e inspiradoras del planeta.

El desfile celebrado en París, a los pies de la imponente Torre Eiffel, no fue solo una presentación de moda: fue una declaración de poder simbólico, una cumbre entre pasado y presente que apeló directamente a la memoria emocional de la industria. Bajo la dirección de Anthony Vaccarello, Saint Laurent logró lo que pocas firmas se atreven —o pueden— hacer hoy en día: reunir en una sola pasarela a un grupo de supermodelos que marcaron época y redefinieron el imaginario colectivo del glamour.

Linda Evangelista, Kate Moss y Carla Bruni no solo caminaron: hicieron historia una vez más. Antes incluso de que iniciara el espectáculo, su paso por la alfombra roja provocó un fenómeno de atención global. No fue una aparición anecdótica, sino un gesto cuidadosamente articulado para reinstalar en la conversación contemporánea la idea de que el poder de una top model no se mide en edad ni en algoritmos, sino en impacto cultural. Verlas juntas fue como abrir un archivo de moda en vivo, donde cada paso era un recordatorio de por qué alguna vez las llamaron supermodelos con absoluta propiedad.

El desfile, por tanto, se construyó como un testimonio visual del diálogo entre herencia y actualidad. No se trató de nostalgia gratuita, sino de un ejercicio de memoria estratégica. Vaccarello no mira al pasado con melancolía, sino con pragmatismo: reconoce que la historia no debe ser un peso, sino un recurso narrativo. Y así lo ejecutó.

La Torre Eiffel como telón de fondo no fue una simple postal turística. Funcionó como manifiesto identitario: París no como ubicación, sino como concepto. El acero del monumento, la iluminación nocturna y la sobriedad escenográfica construyeron una estética de poder silencioso, donde lo monumental no está en lo decorativo, sino en lo simbólico.

El front row multiplicó el efecto mediático. Charli XCX, Christopher Briney y la mismísima Madonna ocuparon los asientos principales, consolidando la pasarela como un evento cultural más allá de la moda. No fue solamente un show para compradores o insiders: fue un espectáculo diseñado para vivir en clips, titulares y algoritmos.

En cuanto al lenguaje estético, la sastrería fue protagonista absoluta. Siluetas estructuradas, hombros marcados, abrigos en tonos neutros y una composición que osciló entre la sobriedad y la contundencia. No hubo concesiones al maximalismo desmedido ni a las tendencias pasajeras. Todo respondía a un objetivo claro: reafirmar la identidad de Saint Laurent como sinónimo de elegancia con carácter.

Reencuentro con la gloria del pasado: Convocar a modelos legendarias no es un acto romántico, sino táctico. Representa una reafirmación del valor del legado en una industria obsesionada con lo nuevo. Es recordar que lo icónico no necesita reinvención, solo reencuadre.

Estrategia generacional: La convivencia entre figuras históricas y celebridades actuales permite que la marca dialogue simultáneamente con varias audiencias. Para unos, es nostalgia; para otros, es descubrimiento.

Momento mediático: Más que una pasarela, fue un evento editorial. Perfecto para titulares, viralizable por sí mismo y diseñado para alimentar tanto la prensa tradicional como el universo de TikTok e Instagram.

Consolidación del lenguaje Vaccarello: Bajo su dirección, Saint Laurent se ha convertido en una marca que habla en tonos contenidos pero firmes. No necesita gritar para imponerse. Su fuerza está en la disciplina estética, en la precisión de sus códigos visuales y en la coherencia con la que ejecuta cada gesto.

En síntesis, no fue solo un desfile. Fue una lección de cómo una casa histórica puede mirar hacia adelante sin dejar atrás su columna vertebral. Mientras otras firmas buscan reinventarse con estridencia, Saint Laurent recordó que, a veces, la verdadera revolución está en caminar con firmeza sobre los propios cimientos.

En su colección Primavera-Verano 2026, presentada durante la Semana de la Moda de Milán, Fendi explora una visión renovada que se mantiene fiel a su identidad pero dialoga con los códigos contemporáneos. Según la directora creativa Silvia Venturini Fendi, esta temporada se sostiene sobre “un sentido de ligereza y color que se une a la elegancia romántica”, una premisa que guía cada silueta, textura y movimiento presentado en la pasarela.

La propuesta se basa en la deconstrucción y reconstrucción de prendas tradicionales, llevándolas a un territorio híbrido donde lo clásico conversa con lo experimental. Elementos históricamente asociados a la indumentaria masculina se fusionan con recursos femeninos sin caer en lo obvio. Camisas de corte masculino se reinventan como blusas con peto de esmoquin, y los vestidos chemisier se transforman para adoptar líneas esbeltas que alargan la figura. La sastrería ligera convive con cortes deportivos, creando piezas que combinan estructura y flexibilidad sin perder elegancia.

La selección de materiales es otro punto clave en la narrativa de la colección. La organza transparente comparte espacio con tejidos técnicos suaves y materiales tradicionales como el punto, la seda o el crochet. La prenda aparentemente mínima se alía con los detalles más ricos: aparecen volantes fluidos, dobladillos inflados que aportan volumen contenido, plisados irregulares que rompen la simetría clásica y superposiciones que juegan con la opacidad y el cuerpo. Es una mezcla de simplicidad percibida y complejidad oculta que revela la precisión del trabajo artesanal.

En cuanto a la paleta cromática, los colores primarios dialogan con tonos pastel y una gama amplia de matices que funcionan como un auténtico bálsamo visual. Nada es estridente ni tímido: cada selección cromática acompaña el movimiento de las prendas y enfatiza su ligereza. Los estampados florales y los bordados minuciosos se integran con naturalidad en el universo romántico de la pasarela, aportando un aire nostálgico pero lejos de lo rígido o predecible.

Lo interesante de esta entrega es cómo Fendi consolida el desfile como una conversación estética entre lo habitual y lo extraordinario. Se trata de prendas útiles, livianas, que parecen pensadas para el día a día, pero elevadas con detalles sutiles que redimensionan lo cotidiano. La marca refuerza su compromiso con la alta artesanía, pero no abandona la innovación estructural ni la relevancia visual. El resultado es un equilibrio entre historia, funcionalidad y experimentación.

Otro aspecto destacable es la resignificación de los códigos de género y estilo. En un contexto donde la moda se cuestiona a sí misma y reescribe sus categorías, Fendi presenta esta colección como un manifiesto silencioso pero contundente. La ropa no se limita a vestir: piensa, dialoga y observa. Cada prenda parece plantear una pregunta sobre la identidad, el cuerpo y la manera en que habitamos lo que usamos.

Los accesorios también acompañan este discurso. Aunque no se roban el protagonismo, funcionan como extensiones naturales de las prendas. Bolsos en cuero ligero, calzado con siluetas limpias y joyería mínima aportan equilibrio e intención, reforzando el concepto de ligereza funcional. Incluso los peinados y el styling acompañan la narrativa: nada es rígido ni impostado, sino orgánico, versátil y contemporáneo.

En esta temporada, la marca demuestra que lo romántico no tiene por qué estar ligado a lo frágil o nostálgico. Aquí lo romántico es versátil, móvil y consciente. Lo utilitario, en cambio, se vuelve deseable. La delicadeza no está reñida con la estructura: conviven sin competir. El desfile confirma que la elegancia puede ser relajada sin dejar de ser precisa, y que la innovación no tiene que divorciarse de la tradición para resultar relevante.

En un momento donde los códigos de género, estilo y función están siendo redibujados, esta colección se posiciona como una declaración de intenciones. Más que una propuesta estética, es un ejercicio de reflexión sobre cómo vestimos, qué comunicamos al hacerlo y qué esperamos de las prendas que nos acompañan. La moda, en manos de Fendi, no solo se observa: se vive, se interpreta y se cuestiona. Esta temporada no impone respuestas, pero abre espacio para mirar con otros ojos aquello que alguna vez dimos por sentado.

La Semana de la Moda de Milán, correspondiente a la temporada Primavera-Verano 2026, se ha convertido en un escenario cargado de emociones, creatividad y expectativas. Este año, el evento no solo presentó las últimas propuestas de las casas de lujo más influyentes del mundo, sino que también estuvo marcado por un tono profundamente especial: el recuerdo y homenaje a Giorgio Armani, fallecido recientemente a los 91 años, una figura reconocida e irremplazable en la historia de la moda.

Milán se vistió de respeto y nostalgia al rendir tributo a un hombre que revolucionó la industria con su visión atemporal, minimalista y sofisticada. Armani, más que un diseñador, fue un empresario y visionario que transformó la manera de entender la moda y elevó el concepto de elegancia contemporánea. Su legado se encuentra en cada corte preciso, en cada silueta fluida y en la idea de que la sofisticación no necesita excesos para transmitir fuerza y estilo.

Fashion Week Milan SS-26

Como parte del tributo oficial, se anunció la apertura de una exposición en la Pinacoteca de Brera, donde se exhibirán alrededor de 150 piezas icónicas creadas por el maestro. Muchas de estas prendas fueron diseñadas y perfeccionadas hasta sus últimos días, reflejando la incansable dedicación de Armani al detalle y a la pureza de las formas. La muestra no solo será un recorrido por la estética de la casa Armani, sino también un viaje por la evolución de la moda italiana en las últimas cinco décadas, desde el surgimiento del prêt-à-porter hasta la consolidación de la alta moda en la era global.

La ciudad, que tantas veces sirvió de telón de fondo para sus desfiles, se convirtió ahora en un altar colectivo. Calles, vitrinas y espacios culturales exhibieron mensajes de respeto hacia el diseñador que, con su inconfundible sello, llevó el “Made in Italy” a convertirse en sinónimo de lujo sobrio y refinado.

Emporio Armani Primavera/Verano 2025

Mientras se honra al pasado, la Semana de la Moda de Milán también proyecta el futuro con una ola de relevos creativos en las grandes casas.

En Gucci, el debut de Demna promete ser uno de los momentos más comentados de la temporada. El diseñador, conocido por su enfoque disruptivo y provocador, ha preparado un evento privado acompañado por una película que busca redefinir la narrativa de la firma. Su llegada genera expectativa y cierta tensión: ¿podrá transformar el imaginario Gucci sin alejarse demasiado de su legado reciente?

Por su parte, Versace vive un cambio histórico tras la salida de Donatella Versace, quien durante décadas mantuvo viva la esencia sensual y poderosa de la marca. El nuevo director creativo, Dario Vitale, enfrenta el desafío de reinterpretar un ADN marcado por la opulencia y la exuberancia. Su primera colección, presentada en un entorno íntimo, buscó equilibrar lo icónico de la firma con un sello personal más depurado y contemporáneo.

Estos movimientos no son meros caprichos creativos: responden a la necesidad de mantenerse relevantes en un mercado saturado, donde la tradición y la innovación deben convivir para atraer a consumidores cada vez más exigentes.

El telón de fondo no es sencillo. La industria del lujo enfrenta la desaceleración de la demanda en China, la incertidumbre económica mundial y la presión de clientes que cuestionan el aumento de precios mientras reclaman propuestas más sostenibles, auténticas y diferenciadas.

En este escenario, los analistas coinciden en que los cambios en las direcciones creativas son también estrategias empresariales. Apostar por nuevos nombres implica no solo renovar estéticamente las colecciones, sino también reposicionar a las marcas frente a públicos más jóvenes, hiperconectados y en busca de identidad. El reto consiste en mantener vivo el prestigio de la tradición sin convertirse en un museo del pasado.

Más allá de cifras, ventas y estrategias de negocio, la Semana de la Moda de Milán dejó en claro que la moda sigue siendo un espejo de su tiempo. En esta edición, convivieron la mirada nostálgica hacia Armani, eterno referente de la elegancia italiana, y la apuesta por nuevos creativos que buscan marcar el rumbo de las próximas décadas.

Armani, con su legado imborrable, continúa marcando el pulso de la industria, incluso en ausencia. Su nombre seguirá siendo sinónimo de elegancia serena y de disciplina estética. Mientras tanto, el relevo generacional en las casas más emblemáticas anuncia una etapa donde se intentará construir sobre esa herencia, pero con un lenguaje adaptado a los desafíos del presente.

La Semana de la Moda de Milán 2025–2026 será recordada no solo por sus desfiles, colecciones y escenografías, sino también por ser el punto de inflexión donde la moda italiana vivió una transición histórica: del respeto profundo a un ícono irrepetible, al nacimiento de nuevas voces que buscan escribir los próximos capítulos de esta historia apasionante.

La pasarela se estremeció al pisar su primera huella. Este septiembre, en pleno New York Fashion Week, una figura peruana captó todas las miradas: Alessia Rovegno, modelo, cantante y ex Miss Perú, fue la elegida para abrir el desfile de la reconocida diseñadora Giannina Azar, un nombre que ha vestido a celebridades como Jennifer López, Gwen Stefani y Thalía.

Abrir un desfile en un evento tan emblemático no es solo ocupar el primer lugar en la pasarela, sino un símbolo de reconocimiento, confianza y prestigio dentro de la industria. Alessia no solo brilló con un vestido ceñido, cargado de detalles artesanales y destellos que reflejaban el ADN de Azar, sino que también impuso la fuerza de su presencia, dejando claro que su carrera ya no depende únicamente de su título de reina de belleza, sino del camino que ha construido paso a paso en la moda internacional.

Este logro resuena más allá del glamour. Habla de identidad, de visibilidad latinoamericana y de cómo modelos peruanos están conquistando espacios que antes parecían lejanos. La participación de Alessia es también un recordatorio de que el talento nacional puede proyectarse en escenarios globales sin perder autenticidad, y que el Perú tiene un lugar en la conversación de la moda mundial. Para muchos, verla en la pasarela neoyorquina no fue solo un orgullo estético, sino también un símbolo de representación cultural.

Alessia Rovegno, primera peruana en abrir un desfile de Giannina Azar en NYFW.

El desfile de Giannina Azar, caracterizado por la exuberancia de los brillos, las siluetas ceñidas y una explosión de color, encontró en Rovegno el rostro perfecto para abrir su propuesta. La diseñadora, con raíces dominicanas y libanesas, ha convertido sus colecciones en sinónimo de audacia y sofisticación. Su visión celebra a la mujer latina en toda su fuerza, y al elegir a Alessia para encabezar su show, subrayó una vez más la importancia de las voces femeninas y latinas en una industria que históricamente estuvo dominada por cánones europeos.

Para Alessia, el reto fue doble: abrir un desfile siempre conlleva responsabilidad, pues marca el tono de la colección y establece la expectativa para todo el público, desde editores de moda hasta compradores y críticos. Pero además, lo hizo en una ciudad que representa la meca de la moda global, un espacio donde cada paso es observado, analizado y difundido en cuestión de segundos a través de redes sociales

 

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Más allá de la pasarela, la presencia de Alessia en Nueva York refleja el nuevo perfil de las modelos contemporáneas. Ya no basta con desfilar con gracia; hoy es necesario conectar con el público, tener una identidad sólida y manejar una influencia que trascienda la moda. Alessia, con su autenticidad, su cercanía y su proyección artística —pues también desarrolla una carrera musical—, cumple con ese nuevo estándar que la industria exige. Ella no se limita a ser un rostro bello: representa una generación de mujeres que se mueven entre diferentes escenarios creativos y que construyen marcas personales capaces de generar impacto global.

Su camino ha sido estratégico. Tras ganar Miss Perú en 2022 y representar al país en Miss Universo, Alessia entendió que los concursos de belleza podían ser una plataforma, pero no un destino final. Desde entonces, trabajó en fortalecer su presencia internacional, apostar por proyectos que potencien su imagen y abrirse paso en mercados donde competir no es sencillo. Su reciente logro en Nueva York es, por lo tanto, la consecuencia de disciplina, enfoque y la visión de alguien que busca dejar una huella más allá de las coronas.

Con cada paso firme, Alessia Rovegno demuestra que su carrera no se limita a un título ni a un apellido reconocido. Su éxito en el NYFW confirma que está construyendo su propia historia, una que mezcla talento, resiliencia y un estilo que empieza a consolidarse. Y aunque la pasarela neoyorquina ya la aplaudió, este parece ser apenas el inicio de un recorrido que podría llevarla aún más lejos en la élite mundial de la moda.

Porque más allá del brillo de un vestido o de la emoción de un desfile, lo que Alessia representa es la certeza de que el Perú tiene rostros, voces y talentos listos para conquistar cualquier escenario.

El mundo de la moda siempre nos sorprende con giros inesperados, pero pocas noticias han generado tanto ruido en la industria como la reciente decisión de Kendall Jenner de alejarse de las pasarelas. La modelo, una de las figuras más influyentes de la última década, anunció que dejará los desfiles, abriendo un nuevo capítulo en su vida profesional y planteando interrogantes sobre el futuro de su carrera y el rumbo que tomará la moda en la era digital.

Kendall no fue solo un rostro bonito que ocupó las pasarelas más prestigiosas; se convirtió en un ícono de la supermodelo moderna, adaptada a un mundo donde la influencia ya no se mide únicamente en editoriales de revista o contratos de exclusividad con casas de lujo, sino también en cifras de seguidores, interacciones digitales y colaboraciones estratégicas.

Desde sus primeras apariciones en los desfiles de Chanel, Versace o Balmain, Kendall consolidó una carrera que parecía destinada a marcar la pauta de una nueva generación de modelos. Su presencia era sinónimo de impacto mediático: las marcas no solo apostaban por su porte y profesionalismo, sino también por la exposición masiva que significaba tenerla en su alineación de pasarela. En muchos sentidos, representó el cambio del modelo tradicional de supermodelo —como lo fueron en su época Naomi Campbell, Claudia Schiffer o Gisele Bündchen— hacia una figura híbrida, mitad modelo y mitad influencer global.

Su retiro, por lo tanto, abre un debate relevante: ¿qué significa para la industria que una de sus figuras más mediáticas decida dar un paso atrás? Algunos analistas de moda consideran que la decisión de Jenner refleja un cansancio con el formato clásico de las pasarelas, un mundo exigente donde la presión estética, los viajes constantes y la implacable exposición mediática pueden volverse abrumadores. No es la primera en hacerlo: otras modelos de renombre han pausado sus carreras o se han retirado para priorizar proyectos personales, familiares o empresariales.

Por otro lado, también hay quienes interpretan este movimiento como una jugada estratégica. Kendall Jenner ya no necesita desfilar para seguir siendo influyente. Con una marca personal que se extiende a contratos millonarios, colaboraciones con casas de lujo, proyectos de moda independiente y un lugar consolidado en la cultura pop, su presencia en las pasarelas dejó de ser imprescindible. Hoy puede impactar más lanzando una campaña en Instagram o protagonizando una colaboración con una marca global que caminando en un desfile de temporada.

Este retiro también abre espacio para reflexionar sobre la transformación del modelo de negocio de la moda. Antes, los desfiles eran vitrinas imprescindibles para mostrar tendencias y captar atención mediática. Hoy, en la era de TikTok, Instagram y los contenidos virales, la moda ha encontrado otras formas de exhibirse y conectar con las audiencias. Kendall encarna esa transición: de pasarela a pantalla, del show físico al impacto digital.

Además, su decisión llega en un momento en el que la industria se encuentra en constante cuestionamiento. ¿Sigue teniendo sentido el concepto de supermodelo en una era donde el consumidor confía más en la recomendación de un creador digital que en las páginas de una revista? ¿Los desfiles son necesarios cuando un fashion film o una colaboración viral puede alcanzar millones de vistas en cuestión de horas?

Kendall Jenner se despide de las pasarelas en la cima, algo que pocas modelos logran. Lo hace con contratos vigentes, con marcas que aún la buscan y con un nombre que trasciende las fronteras de la moda. Su salida no es un adiós definitivo a la industria, sino una reinvención de su papel dentro de ella. Seguramente veremos a Kendall vinculada a campañas, proyectos audiovisuales, iniciativas empresariales y colaboraciones creativas que consolidarán su posición como una de las figuras más influyentes del panorama actual.

Más allá de la sorpresa inicial o la polémica mediática, su retiro nos recuerda una lección importante: la moda ya no vive únicamente en las pasarelas. Hoy se construye en los medios digitales, en la interacción con los seguidores, en las alianzas estratégicas y en la capacidad de adaptarse a un entorno que cambia a gran velocidad. Kendall Jenner lo entendió antes que muchos y decidió dar el paso cuando aún tenía todo para perder. En esa valentía radica su poder.

Su nombre quedará escrito no solo por haber sido la modelo más cotizada de su generación, sino también por haber redefinido lo que significa ser influyente en el universo de la moda. Con su retiro, Kendall marca el final de una etapa, pero también el inicio de otra que podría resultar aún más trascendental para ella y para la industria.

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